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Más ejemplos del problema federalista

Apenas la semana pasada decíamos que el modelo federalista vigente en la legislación mexicana ya era inoperante, cuando estos días se presentaron nuevas muestras de ello. Primero, Morena ganó la batalla mediática en Jalisco. La Presidencia de la República anunció una inversión multimillonaria en aquel estado a efecto de construir una nueva planta potabilizadora. Lo anterior a la vista de la parálisis del estado y en concreto del gobernador para proponer soluciones efectivas y prontas a la crisis hídrica en Jalisco. Desde luego, es evidente que Morena buscará presumir la obra en las intermedias de 2027 y arrebatarle a MC los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara, que fueron la base fundacional para el crecimiento electoral del partido Movimiento Ciudadano. De paso, el activismo morenista logró proyectar la imagen de un gobernador emecista represor, a grado tal que éste tuvo que disculparse y retractarse.

Número dos, en el conflicto de Chihuahua, el gobierno federal también ganó. No solamente le entregaron un fiscal a quien acusa nada menos que de “traición a la patria”, sino que el efímero heroísmo de la gobernadora (así percibida por una oposición ansiosa de  líderes) se desvaneció entre acusaciones de traicionar al PAN y a la oposición nacional por entregar a uno de sus aliados. Es muy extraño que los comentaristas de la oposición insistan tanto en la supuesta incapacidad política de Sheinbaum, cuando no pueden ganarle una sola partida. La mano del poder presidencial se siente con todo su rigor, destruyendo los últimos bastiones de la oposición cuyos resultados para el año entrante se anticipan muy pobres a pesar de las continuas divisiones internas en Morena.

Y encima de todo, parece como si el gobierno federal se diera el lujo de sentar a la oposición a negociar y hacerle graciosas concesiones, como fue el caso en Nuevo León. Estima tan irrelevante y poco amenazante a la oposición que no le afecta regalarle el estado más industrializado del país con una candidatura morenista evidentemente perdedora. Es obvio que parte de la debilidad de los gobernadores de oposición se debe a la falta de recursos, derivado a su vez del arreglo fiscal federal y la mala recaudación de las entidades federativas. Por tanto, insisto, el modelo federalista ya se agotó. Asoman los contornos de un nuevo sistema político mexicano, donde las elecciones serán meros mecanismos legitimadores de arreglos previamente convenidos con las fuerzas locales. Elecciones pactadas pues. Se acabó la democracia liberal en México, si algo quedaba.

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