Una vez más, el presidente del país más poderoso de la Tierra acusó que México está controlado por los cárteles del narcotráfico, a los cuales comparó nada menos que con ISIS, en tanto organizaciones terroristas. Ya no causa sorpresa en tanto lo ha repetido muchas veces públicamente y no sucede nada. Del lado mexicano, el gobierno niega las acusaciones y simplemente finge demencia. Del lado norteamericano es desde donde podría escalar el nivel del conflicto, como sucedió cuando pidió la extradición de Rocha Moya. No obstante, no se ve interés de ir más lejos en lo inmediato y lo más probable es que el resto del año, Estados Unidos y Donald Trump se mantengan alejados de la coyuntura mexicana.
Como ha demostrado insistentemente Jorge Castañeda en sus colaboraciones periodísticas, México no figura como prioridad de los votantes estadounidenses de cara al proceso electoral intermedio en aquel país. En consecuencia, insisto, no parece que nada significativo vaya a suceder. Y ese es el problema. Cada vez está más claro que sin presión estadounidense, las autoridades mexicanas no investigarán, mucho menos perseguirán a los políticos enredados en la complicidad con la delincuencia organizada. La población mexicana de algunos estados seguirá a merced de una suerte de narcoautoridades en múltiples regiones del país, y por lo tanto, indefensa ante el acoso de la delincuencia organizada.
Además, si adentro no pasa nada, afuera sí. La imagen del país en el exterior continúa deteriorándose sin que asome ninguna señal de mejoría. Es verdad que aquí ya nos acostumbramos a ser vistos como un narcoestado, pero para los inversionistas, las palabras de Trump sí pesan en su evaluación del riesgo de meter dinero a México. Cada señalamiento, cada declaración del mandatario gringo o de alguna instancia gubernamental norteamericana suma al grado de desconfianza que produce nuestro país a los turistas, a quienes quieren hacer negocios y quién sabe si hasta quienes buscan sostener una buena relación diplomática con México.
Ojalá que el gobierno mexicano esté pensando en campañas para mejorar la imagen del país, pero no hay campaña que pueda borrar el problema por ejemplo de la solicitud de extradición de Rocha y los territorios dominados por el narcotráfico, como Sinaloa. Es cierto que la ONU atraviesa por su peor momento y es una organización muy cuestionada, pero no deja de ser el foro institucional más importante de los estados. Lo que se diga ahí sobre nuestro país no puede pasarse por alto como un incidente más.
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