Hace unos días se reunieron la presidenta de México y la gobernadora de Chihuahua, después de protagonizar una tensión entre ellas que atravesó varios meses. Desde luego, la información oficial que ha fluido es parca, escueta y cordial de ambas partes. Supuestamente acordaron trabajar por el bienestar del estado y sus habitantes, etcétera. Como siempre, lo importante y lo interesante es lo que no se dice en los comunicados. La designación de Cruz Pérez Cuéllar como coordinador de la transformación en Chihuahua, o futuro candidato a gobernador, parece un gesto de conciliación del centro hacia la gobernadora.
Pérez Cuéllar, en su calidad de expanista, tiene más puentes de comunicación con la gobernadora Maru Campos, y, sobre todo, menores motivos de rispidez. La senadora Andrea Chávez, la otra aspirante al gobierno de Chihuahua por Morena, se pasó los últimos años atacando de manera personal a la gobernadora Campos. Su salida del juego le allana el camino para cerrar su administración con la tranquilidad de que, en caso de ganar Morena la gubernatura, no tendrá motivos para temer una persecución política contra ella o sus allegados. Por lo menos, así parece hasta el momento.
Lo anterior no quiere decir que ya esté pactado el resultado electoral en Chihuahua, pero envía mensajes de cordialidad entre los oponentes. La victoria o no del panismo en uno de sus últimos bastiones dependerá de los candidatos a la propia gubernatura, pero también a las presidencias municipales, en particular Ciudad Juárez. Además, depende también de la propia disposición de la gobernadora para continuar su carrera política o terminarla en alguna posición tranquila. Si desea seguir en la política activa y mantener un perfil alto, le es indispensable ganar la elección de su estado. Parece que el PAN no necesita al PRI en Chihuahua, pero no estaría de más buscar algún arreglo con ellos, cuando menos para no estorbarse mutuamente en las candidaturas locales.
Es inevitable la duda, ¿en la conversación entre ambas mujeres habrán pactado el resultado electoral de Chihuahua? ¿En un sentido u otro? El PAN como partido nacional es cada vez más exiguo en sus capacidades y presencia territorial. La pérdida de Chihuahua supondría un golpe muy duro. A la inversa, la victoria para la gobernadora representaría un impulso a su equipo, que en los últimos meses buscó posicionarla como presidenciable de cara a 2030 después del choque con el gobierno federal. El PAN no tiene otra figura de relieve nacional, de lo que pase en Chihuahua dependerá la proyección nacional del panismo a futuro.
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