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El abucheo, ¿viene del PRIAN?

Entre diciembre de 2018, cuando tomó posesión AMLO, y marzo de 2019, la prensa documentó aproximadamente 18 eventos conjuntos entre el presidente López Obrador y gobernadores que fueron abucheados durante distintas ceremonias o giras. Da la casualidad que de 18 gobernadores, 17 eran de oposición. Únicamente Cuitláhuac García pertenecía a Morena, pero el distintivo de las primeras giras presidenciales obradoristas fue ese. Cuando AMLO visitaba un estado gobernado por la oposición, aparecía un grupo de ciudadanos “espontáneamente organizados” para abuchear al gobernador de un partido diferente de Morena.

Sin importar el tipo de evento, la mecánica era la misma. Hablaba el expresidente López Obrador y recibía ovaciones. Después hablaba el gobernador o gobernadora emanado de otro partido y recibía sonoros abucheos de los ciudadanos “espontáneos”. Inmediatamente intervenía AMLO para calmar a los inconformes y pedir respeto al gobernador “aunque fuera de oposición”. La coreografía fue tan repetitiva detalle por detalle, que resulta inverosímil concebirla como espontánea. Se trataba de montajes en la mejor tradición del porrismo echeverrista, con la finalidad de amedrentar a los gobernadores y advertirles que solamente el presidente podría defenderlos de las multitudes artificialmente indignadas. La escenificación fue un éxito, pues desde el primer año, el obradorismo dispuso de una serie de gobernadores domesticados y dóciles, sin importar su origen partidista.

En la tradición picaresca del viejo priismo, donde AMLO se formó, los presidentes le montaban movilizaciones populares a los gobernantes locales que los molestaban, con la finalidad de presionarlos a cambiar ciertas actitudes, o inclusive obligarles a renunciar. Luis Spota llevó a sus novelas uno de esos montajes (alterando los nombres obviamente), cuando el presidente Díaz Ordaz, de la mano de su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, forzó la renuncia de Ernesto P. Uruchurtu, jefe del Departamento del Distrito Federal, mediante una movilización inducida de colonos e invasores de terrenos en el Pedregal de Santa Úrsula.  

Traviesa la memoria, me acordé de esto desde aquel evento de la presidenta Sheinbaum en Colima, donde se le nota perturbadísima por un abucheo popular. Ella conoce las mañas de su exjefe y mentor. Su respuesta ante tan incómodo momento fue culpar al PRIAN. Solo que resultaría muy extraño que hayan logrado ingresar en una ceremonia organizada por la gobernadora Indira Vizcaíno, emanada de Morena… pero heredada del sexenio pasado. ¿Qué tal si la cara de terror de la presidenta ante los abucheos fue porque reconoció un estilo en esos montajes? Tal vez ¿un mecanismo de presión para protestar por la investigación de un hijo?

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