Hasta donde tengo noticia, en los últimos cuatro sexenios (Calderón, Peña Nieto, AMLO y el actual) se han desarrollado importantes operativos policíaco-militares en Michoacán. Se mandan tropas del Ejército o Guardia Nacional para pacificar la región o alguna zona específica del estado. Se anuncian importantes inversiones en programas sociales, se captura a algún jefe criminal y se promete a la población que la paz regresará. Solo que nunca sucede. Algo anda mal con el Estado mexicano, que es incapaz de restablecer la concordia y la gobernabilidad en una entidad donde la delincuencia organizada siempre regresa para ser el azote de la población en varios municipios. De hecho, hasta donde recuerdo, fue precisamente en Michoacán donde el presidente Calderón lanzó su guerra contra el narco, para devolverle la paz a su estado natal… Narcotráfico, extorsión a los productores de aguacate, secuestros de aldeanos y aldeanas, asesinatos, tiroteos y un largo etcétera. Nadie reconoce que ninguno de los gobiernos, y creo que tampoco éste, ha logrado ni logrará su cometido. Quiere decir que la fuerza militar no basta. Debería ser claro que han faltado instrumentos de gobernabilidad estrictamente políticos y que la disfuncionalidad del aparato estatal de justicia es absoluta, pero esto no se discute. Y es que da la impresión de que no se trata de resolver el problema, sino de anunciar en los medios de comunicación que “se está resolviendo”, en el mexicanísimo gerundio. Al margen de un reparto de responsabilidades pasadas y presente por el fracaso en la seguridad pública michoacana durante ya dos décadas, mi impresión es que se trata o debería tratarse de la gran oportunidad de la oposición.
Como es sabido, el asesinato de Carlos Manzo, el Movimiento del Sombrero y la figura política de Grecia Quiroz han posicionado el reclamo de seguridad como prioridad en las encuestas electorales del estado para el próximo año. Uno se pregunta si los partidos y elites tradicionales no podrían unirse en planteamientos comunes para restaurar la gobernabilidad michoacana. No solo eso, think tanks, organizaciones civiles, agrupaciones empresariales, instituciones académicas, podrían preparar una serie de estudios sobre qué se ha aprendido y qué no de tantas intervenciones militares en Michoacán. Sobre todo, una serie de opiniones especializadas sobre qué ha faltado hacer. Una plataforma de gobierno para reconstruir el estado en Michoacán, más allá de la indispensable actividad policíaca o instrumentos de violencia legítima del Estado. Desde luego, también sabemos que no hay dinero, pero habría que empezar por concebir las ideas. Es el principal desafío opositor, ¿si llegase a ganar, en serio sabe cómo devolverle la paz y la tranquilidad a los michoacanos?
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