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Información para decidir con libertad

Matar al periodismo

A todos los gobiernos les incomoda el periodismo, pero sólo las dictaduras lo proscriben de manera directa o indirecta.

Daniel Ortega en Nicaragua optó por la vía directa, en tanto Hugo Chávez, en Venezuela, AMLO y Claudia Sheinbaum en México han seguido la segunda ruta.

Primero fue la asfixia económica a medios de comunicación libres del control editorial del gobierno, y las campañas de desprestigio contra periodistas que no eran sumisos al presidente López Obrador.

El actual gobierno pondrá el último clavo al ataúd del periodismo libre, con Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos a las Audiencias.

“No se trata de imponer una verdad oficial. Se trata de impedir la mentira”, afirmó la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel.

¿Mentira, según quién? Según un comité del gobierno.

¿Qué queda después de depurada la información por parte del gobierno?

Obvio: la verdad oficial.

“La autoridad no revisará previamente las transmisiones. El procedimiento sólo puede iniciarse después de la difusión”, aclaró la dirigente de Morena.

Es decir, la censura no será previa, sino posterior a la publicación a través de una multa.

Multado y en la lista negra del gobierno: qué empresa se va a anunciar en ese medio.

Los controles que se ponen en los lineamientos no los pasa ningún periodista que se respete, al hacer una crónica o un reportaje.

Señalan los lineamientos que se debe separar la información de la opinión. ¿Cómo? Es imposible, salvo que se prohíban géneros periodísticos vigentes desde hace dos mil 500 años.

Heródoto, padre de la Historia (y del periodismo, opino), habría sido censurado por los lineamientos al combinar testimonios, conocimiento personal y opinión propia en su narración sobre el error de Creso, rey de los Lidios.

Kapuscinski y la agencia de noticias que lo envió a África habrían sido censurados por Luisa Alcalde y Ariadna Montiel por sus crónicas, ricas en descripción y llenas de juicios de valor, que llegaron a nosotros gracias a la mirada subjetiva del gran periodista polaco.

Ya no habría escrito su entrada (a pie) a China, donde descalifica con descripción y opinión demoledora el sentido de la Gran Muralla.

Juan Goytisolo habría sido multado por el gobierno de Sheinbaum a la primera publicación de sus reportajes en Sarajevo. Sus Cuadernos no los conoceríamos.

Ni García Márquez se habría librado del brazo censor de Morena luego de publicar La riqueza inútil del platino colombiano.

Y luego del castigo nadie le habría publicado el reportaje del batallón de paisanos suyos que se enrolaron para pelear en la guerra de Corea, con la promesa de una visa para Estados Unidos.

Al grano: Morena no busca proteger a las audiencias, sino deshacerse del periodismo que no se pliegue a la verdad oficial.

Ya casi lo logran, sólo falta un clavo para sellar el ataúd del periodismo libre.

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