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El juego de Lenia contra Sheinbaum

Lenia Batres decidió ser una piedra en el zapato de Claudia Sheinbaum porque la “ministra del pueblo” trabaja en la candidatura presidencial de su hermano Martí.

Le pone zancadillas a los pasos de Sheinbaum para hacerla aparecer como una presidenta blanda con el neoliberalismo, Estados Unidos, la propiedad privada y los grandes capitalistas de México.

Hace unos días el periodista Salvador García Soto dio a conocer pormenores de una reunión de empresarios con la presidenta Sheinbaum, en la que se expresó la preocupación de la élite capitalista por la próxima llegada de Lenia Batres a la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Uno de los asistentes -narra García Soto- lanzó una advertencia de cuidado: “Los capitales son muy cobardes, presidenta, se asustan con mucha facilidad, y así como confían en un país, si ven y perciben incertidumbre se pueden ir como llegaron”.

Esa reunión fue oro molido para el proyecto de Lenia Batres Guadarrama, que es la candidatura de su hermano Martí, primer presidente del partido Morena.

¿Quiénes no la quieren en la presidencia de la Corte -que le corresponde-?

Los magnates que López Obrador identificó como “ladrones de cuello blanco”, los que “se sienten dueños de México”, que “mangoneaban a presidentes peleles”.

Lenia Batres tiene a Sheinbaum entre la espada y la pared.

Si le quitan la presidencia de la Corte, que debe asumir el 1 de septiembre del próximo año, Sheinbaum habrá cedido a la presión de “la mafia” que dominaba México antes de AMLO.

El discurso obradorista de la “separación del poder económico del poder político” quedará en el cesto de la basura y Lenia Batres, sin hablar mucho, podrá exhibir la debilidad de Sheinbaum ante “la mafia del poder”.

¿Quién va a decidir la presidencia de la Corte?, preguntará Batres. ¿Slim, Baillères y Hank, o el pueblo que votó por mí?

Es que fueron AMLO, Sheinbaum y compañía los que idearon la elección de ministros y la forma de relevarse en la presidencia de la Suprema Corte.

A Lenia le importan un comino las inversiones, la certeza jurídica y la propiedad privada, porque lo suyo es la candidatura presidencial de Martí.

Y para lograr su objetivo necesita debilitar a Sheinbaum ante la militancia y dirigentes medios de su partido.

Habla, escribe y actúa para la galería morenista.

Sheinbaum es tan chavista como ambos, Batres y AMLO, pero su misión, desde la Presidencia, es atraer inversiones para que no se le desfonde la economía antes de tiempo.

Sabe que debe ser tolerante y cuidadosa con Trump, cooperar con él hasta donde sea posible, a fin de que el temperamental vecino no entorpezca su tarea como gobernante.

Lenia no tiene esas ataduras y abandera una posición ultra, que es la que comparte el votante duro de Morena.

Mientras Ebrard, secretario de Economía, promueve el Plan México para traer nuevas inversiones, la próxima presidenta de la Corte escribe en El Universal:

 “Este capitalismo (el actual) es simple: se alimenta de la guerra y busca despojar a los pueblos de sus minerales, hidrocarburos, agua. Le estorba la paz y la autodeterminación de los pueblos. Le estorba la democracia. Le estorban los reclamos de vida, libertad, medio ambiente. Le estorba la humanidad”.

Y se refiere a los que Sheinbaum intenta convencer de que arriesguen su dinero en México, como “una oligarquía rapaz que se apoya en los rasgos más brutales del capitalismo global, en un nuevo intento por apoderarse de los recursos naturales que aún subsisten”.

Lo que Sheinbaum, Ebrard y el canciller Velasco tejen por el día, Lenia lo rompe por la noche.

Intentó aprobar el cobro de impuestos a las herencias, a las Afores, y trae campaña jurídica contra un particular, Ricardo Salinas, al que AMLO, Sheinbaum y el morenismo presentan como la personificación del demonio capitalista.

Sin proponérselo, trabajan para Batres.

Lenia va en caballo de hacienda y con la rienda suelta.

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