Y además, cobardes.
Imposible no hacer un paréntesis en los asuntos políticos para plasmar aquí el asombro por la catadura humana de altos funcionarios que guardan silencio ante los ataques arteros de la presidenta Sheinbaum al diario El Universal.
El diario ha sido la casa generosa que siempre tuvo un sitio para los que no tenían cabida en ningún otro medio por sus ideas políticas, cuando militaban en partidos proscritos o perseguidos.
Ahora que llegaron al gobierno siguen escribiendo ahí porque es un gran diario, y no por ser “uno de los periódicos más pinches de la Ciudad de México”, como dijo el funcionario morenista Paco Ignacio Taibo II, sobre el matutino donde escribía su padre.
"No hay en la tierra un monstruo más detestable que un hombre ingrato”, escribió hace varios siglos un fino poeta inglés.
La presidenta lo descalificó el martes como un periódico en la lista negra del gobierno, al que “no le damos publicidad”.
Caracterizó a El Universal (y otros dos medios) como un diario que no quiere al gobierno “porque no les damos chayote”.
El dinero y las partidas para comunicación social no son patrimonio personal de la presidenta, aunque en este caso no es el tema de hoy.
Aquí el punto es la ingratitud de los colaboradores de El Universal que orbitan en torno a la presidenta, y se han servido de la influencia del diario para ser leídos y escalar posiciones.
Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado y próxima secretaria de la Mujer, ¿no dirá nada en defensa del periódico, su periódico, agredido de palabra y obra por la iracundia del poder presidencial?
Ahí escribió, por décadas, su padre, el ingeniero Heberto Castillo. Y fue la casa de Rogelio Naranjo hasta su muerte y de Helioflores, genios del cartón político, cercanos a la familia Castillo y aborrecidos por el poder político.
Lenia Batres, la “ministra del pueblo”, tiene en El Universal una plataforma extraordinaria para expresar sus ideas chavistas, estatistas, acusar e intrigar a quien sea y sin restricciones.
¿Ni una palabra de aliento a su casa editorial, asfixiada y calumniada desde la presidencia de la República?
Alejandro Encinas, dirigente morenista y excomunista, funcionario obradorista, ¿cero expresiones de gratitud hacia el diario, que deslicen aunque sea una mínima defensa del periódico, su periódico, atacado desde la cima del poder político?
En El Universal escribe Carla Humphey, consejera del INE que dio su voto para que la coalición gobernante obtuviera en la Cámara de Diputados una mayoría calificada que no le dieron los ciudadanos.
Nada de solidaridad de Humphey hacia el medio que le da tribuna para retocar su imagen pública.
Otro cómplice del fraude, Felipe de la Mata, que puso al Tribunal Electoral al servicio del gobierno, se despacha un artículo por semana en el diario que ha sido puesto en la lista negra del gobierno.
No le hemos oído queja alguna contra el atropello verbal y económico de la presidenta de la República.
Cuánta ingratitud.
Cuánta cobardía.
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