Es de risa que un régimen que esconde a los ciudadanos información de elemental interés público por 10 o 15 años, nos cuente que va a legislar para proteger el derecho de las audiencias a conocer la verdad.
Capturados los tres poderes por el gobierno y su partido, van por el llamado “cuarto poder” para cerrar con candado la ventana a la alternancia en los mandos institucionales del país.
De dictadura hablamos. Y de pensamiento único.
Lo que fue el Instituto de Telecomunicaciones y Radiodifusión, autónomo, lo cambiaron por un órgano dependiente del gobierno, sin autonomía.
Y ese organismo gubernamental va a castigar a los concesionarios de radio y televisión que no digan la verdad. La verdad que quiere el gobierno.
Nunca habíamos tenido gobiernos que mintieran tanto y sin consecuencias sobre accidentes, corrupción, despilfarros, robos, contrabando y asesinatos como en los siete años de la llamada “cuarta transformación”.
Ellos se van a encargar de multar a quienes, en su opinión, no digan la verdad.
Para un periodista que haya ido a reportear a Sinaloa, no habrá la menor duda de que Rubén Rocha Moya se sirvió del cártel para llegar al poder y le otorgó cargos clave en la administración estatal y carta blanca para delinquir.
Eso se llama narcogobierno y es un deber profesional decirlo con todas sus letras.
La Federación protegió a Rocha y su alianza con el Cártel de Sinaloa. Y entregaron aduanas y el control de puertos a la delincuencia organizada, para beneficio de los cárteles y del partido gobernante.
Morena, en diversos estados y municipios, es un narcopartido, y hay que decirlo sin titubeos.
Pero quién será el guapo que lo publique.
El periodista lo escribirá o grabará, pero un concesionario que tiene la espada del gobierno en el pecho, difícilmente le dará salida a la verdad.
Con la legislación anunciada por el gobierno, lo anterior será susceptible de castigo para el medio de comunicación que difunda noticias falsas (a criterio del gobierno), o no separe lo que es información de opinión.
De esa manera la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa Alcalde, se cargó de un hachazo dos géneros periodísticos: la crónica y el reportaje, que combinan hechos, dichos, datos, descripción y la mirada (siempre subjetiva) del periodista.
La realidad tiene distintos relieves, y para contarlos al público se estudia una carrera.
Morena prohibirá, mediante la extorsión oficial a los dueños de los medios, ejercer la profesión al dejar solo noticias. Noticias que estarán bajo la mirada censora del gobierno.
Y el que quiera interpretar la realidad en alguna de sus expresiones, que vaya y escriba en la sección de opinión, si es que le publican. Ya de cobrar un salario por escribir, mejor ni hablamos.
Aún no dimensionamos el golpe que dará el gobierno a la libertad de expresión y al derecho a la información de la ciudadanía.
Como dijo la presidenta Sheinbaum en un desliz de sinceridad, “ya tenemos los instrumentos para censurar”.
Sí, y los han aplicado: la asfixia a los dueños de medios vía el retiro de la publicidad y su concentración escandalosa en los medios aliados o serviles.
El gobierno ejerce la censura con la cancelación (o no pagar) de contratos a empresarios que una de sus actividades es la comunicación.
La censura se ejerce a través de infundir temor a anunciantes y patrocinadores de medios de comunicación que destacan por su resolución a llamar pan al pan y vino al vino.
Y ahora, con la legislación en proceso, viene el candado contra la libre expresión y el acceso a la verdad no oficial.
¿Qué concesionario se va a jugar su patrimonio al dar cabida al periodismo que disgusta al gobierno?
¿Qué anunciante o patrocinador invertirá su dinero en medios que digan “mentiras”, y se situará como enemigo del gobierno?
Hubo empresarios de la comunicación que resistieron con valor y decoro durante seis años la presión del gobierno. Seis años. Pero no es posible hacerlo por doce años cuando el que asfixia es el Estado.
Morena va a controlar los contenidos informativos de los medios de comunicación y dictará qué es verdad y qué es mentira.
De dictadura hablamos.
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