México no va “por el camino de Venezuela”, sino que ya es la Venezuela de América del Norte, impulsado por el vigoroso chavismo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
1.- Los lineamientos para “proteger a las audiencias” de “las mentiras” de los periodistas que planteó nuestra presidenta, también los hizo Hugo Chávez a finales de 2004 para controlar, vía sanciones, a los medios de comunicación.
Lo hizo Venezuela, lo hará México: el gobierno será el Gran Hermano que vigilará a los medios y dictará qué es verdad y qué es mentira.
En la Ley Resorte (por sus siglas), el objetivo central era doblegar a una gran televisora venezolana, y los lineamientos de la presidenta Sheinbaum llevan la dedicatoria inmediata de aplastar a Televisión Azteca, como expuso ayer el director de Noticias, Luciano Pascoe.
Ahora es Azteca, por la proximidad de las elecciones federales, pero luego la censura recaerá contra el periodismo en general.
Cuando entren en vigor los lineamientos chavistas del gobierno mexicano, será oficialmente una mentira lo que en su momento difundieron los medios sobre el megaderrame de petróleo en el Golfo, y será verdad que sólo se trató de “gotitas” como dijo la gobernadora de Veracruz.
Será verdad oficial que a El Mayo se lo llevó un piloto estadounidense en una avioneta Cessna que salió de Hermosillo, y será oficialmente mentira (sancionable) decir que se lo llevó el jefe de la flota aérea del Cártel de Sinaloa, como efectivamente ocurrió.
2.- El gobierno se apropió del INE y del Tribunal Electoral, y a través de esos organismos anulará elecciones en que “se presuma” que hubo “injerencia extranjera”. De Estados Unidos, “el imperialismo”, decía Chávez.
3.- Ayer una secretaria de la presidenta anunció que habrá persecución legal contra exintegrantes del Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública (Inai), el organismo autónomo creado por el presidente Fox, que nos permitió conocer hasta el precio de las toallas que se usaban en la casa presidencial.
Sin Inai, no podemos saber los costos de las obras multimillonarias del gobierno de López Obrador, de la escandalosa corrupción que les acompaña, ni de qué murió El Mencho, ni la verdad sobre los descarrilamientos del Tren Interoceánico ni de la Línea 12 del Metro.
4.- El exgobernador de Baja California Ernesto Ruffo, a sus 73 años, fue encarcelado en una prisión de máxima seguridad, acusado (sin pruebas) de huachicol fiscal porque tiene participación en una empresa aduanera que no transporta combustibles ni los distribuye.
La presidenta informó que hay “pruebas abundantes” de la culpabilidad de Ruffo. ¿Cómo lo supo? En teoría ella no tiene acceso al expediente ni da instrucciones a la Fiscalía General de la República, que -también en teoría- es autónoma.
Con el encarcelamiento de Ruffo el mensaje es claro para todos los dirigentes opositores: “Los puedo meter a la cárcel porque tengo en mi mano a la fiscalía y al Poder Judicial”.
5.- La presidenta Sheinbaum instruyó a su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, dar apoyo jurídico al exonerado de secuestro Israel Vallarta, para que demande a por daño moral a Carlos Loret de Mola y Ciro Gómez Leyva, según informó ayer el periodista Raymundo Riva Palacio.
Se trata de los dos periodistas más influyentes (o de los más) del país, y el gobierno apoya al secuestrador -dicen sus víctimas- Vallarta para que los despoje de sus bienes en tribunales.
Ella es la jefa de los tribunales.
6.- Como en Venezuela, el narcotráfico, gobernadores y altos funcionarios de la administración pública federal se amalgaman en una sociedad de intereses criminales, con la protección oficial y la expresión política llamada Morena en más de una decena de entidades federativas.
7.- El Poder Judicial, como en Venezuela, fue tomado por la Presidencia de la República para ponerlo al servicio de sus venganzas y de la construcción de una dictadura.
No estamos en la situación económica de Venezuela. Tampoco ese país sudamericano estaba mal en 2004.
Chávez impuso el control de los medios de comunicación para manejar la información cuando estallara la crisis derivada del manejo populista e irresponsable de la economía, culpando a los empresarios (“¡exprópiese!”) y a las compañías extranjeras.
Y lo impuso para asegurar la permanencia de su camarilla en el poder, aún cuando perdieran las elecciones.
Fuera vendas: en eso estamos.
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