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El objetivo electoral

En los 13 partidos del Mundial que se jugaron en México, en las inmediaciones de los estadios, las madres buscadoras intentaron hacer visible su protesta, transmitir al mundo su reclamo. El gobierno, para que no fueran a manchar la fiesta con su presencia, empleó tres mecanismos para silenciarlas. El primero fue meramente policiaco, con la fuerza de los granaderos. El segundo, más bajo, consistió en enviar a empleados del gobierno a bloquearlas, encapsularlas y así impedir su avance. Por último, en por lo menos dos ocasiones, enviaron a personas vestidas de blanco para rodearlas, confrontarlas y acallarlas. Se trata, los dos últimos casos, de dos mecanismos para reprimir protestas importados de Cuba. Un trato perverso: les mandamos petróleo y ellos nos mandan a cambio formas de reprimir a la población. 

Por aquí y por allá, como hongos venenosos, van apareciendo las huellas de la dictadura. Aquí, para silenciar protestas. Allá, encarcelando a exgobernadores de la oposición. En ambos casos el uso impune de la fuerza para imponerse. 

Supeditaron el Poder Legislativo y el Judicial, sumisos frente al Ejecutivo. Maicearon con cuantiosos contratos y brindaron impunidad a los altos mandos del Ejército y la Marina (Ruffo está en la cárcel, el almirante Ojeda reposa tranquilo en su casa). Intervinieron a los medios, imponiendo voces oficialistas en radio, televisión y prensa, y censurando de esos medios a las voces que los incomodaban. Aprobaron al vapor una ley que permite anular elecciones si a su juicio consideran que ocurrió una injerencia extranjera. 

El régimen autoritario, cada vez más frecuentemente, asoma la cabeza. Frente a la presión de Trump, la cerrazón interna. Si se solicita la extradición de miembros de Morena, pedirán cárcel para más miembros de la oposición. Se quejan de la intromisión de los agentes de la CIA, pero permiten la actuación de los espías rusos a discreción. 

Seguimos apoyando a la dictadura cubana. No decimos una palabra sobre la suspensión de elecciones en Nicaragua. Aplicamos la Doctrina Estrada cuando nos conviene. Esperan que el respeto mostrado a las dictaduras ajenas nos vacune contra los reclamos por el autoritarismo local. Ya perdimos la vergüenza internacional, ya no nos importa que el mundo haya dejado de vernos como una democracia. Lo que realmente les interesa (de hecho, lo único que les interesa) es controlar y ganar las próximas elecciones. Para lograrlo, van a apretar a los medios, encapsular manifestaciones, encarcelar opositores, dejar impunes los asesinatos a periodistas, chantajear a los aliados, disciplinar al partido. Necesitan unidad, ¿para enfrentar a Estados Unidos? No, para conservar la mayoría en el Congreso y la mayoría de las gubernaturas en juego. Para eso colocaron a Ariadna Montiel al frente del partido. La antigua dispensadora de los apoyos sociales debe trasladar al partido el apoyo de los ciudadanos. Morena gana elecciones porque reparte dinero. Gana elecciones porque controla los institutos y tribunales electorales. Gana elecciones porque gasta millones en su aparato de propaganda, que incluye el costo de la compra de voluntades de voceros que se asumen como “intelectuales” del partido. 

Conforme se acerque la fecha de las elecciones norteamericanas de noviembre y la presión de la administración Trump aumente, la faz autoritaria se mostrará con mayor fuerza. Tienen de su lado al Poder Judicial, a las Fuerzas Armadas, a la Guardia Nacional y la amenaza fiscal. Van a utilizar ese poder para ganar las elecciones en 2027. Tienen de su lado toda la fuerza, pero no tienen la razón.

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