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La claudicación de Claudia

La marcha antisemita que se llevó a cabo el viernes 11 de septiembre tuvo un sólo destinatario: Claudia Sheinbaum, la primera presidenta judía de México.

Los manifestantes fueron trasladados a Mazaryk en camiones del transporte público y fueron custodiados por la policía de la ciudad. Gritaron: “fuera judíos de México” cuando en realidad querían gritar “fuera Sheinbaum del poder”.

Ya no la quieren. Mejor dicho: ya no la quiere el segmento de los “puros” de Morena, los que aún suspiran por la presencia de López Obrador. Creen que traicionó al “Presidente”. Que removió al “hermano” Adán Augusto de su puesto en el Senado y que consiente la persecución y el escarnio público de Andy.

No se podría haber llevado a cabo la marcha antisemita sin el visto bueno de Clara Brugada. Recordemos: Sheinbaum quería que su exjefe de policía capitalino fuera jefe de Gobierno de la ciudad. López Obrador se burló de la encuesta de Morena que había ganado Harfuch e impuso a Brugada. Ella pensó que el cargo sería un inmejorable trampolín para suceder a Sheinbaum. No contaba con que Harfuch, con el apoyo y la confianza del gobierno de Trump, lograría convertirse en el funcionario más destacado en medio de un gabinete saturado de personalidades mediocres.

A los “puros” les parece inconcebible que Sheinbaum permita que Harfuch, de la mano de nuestros poderosos vecinos, ambicione a sucederla ofreciéndoles a cambio la cabeza del junior Andy. Por eso los gritos antisemitas frente a la sinagoga. Los gritos de “fuera judíos de México”, es decir: “fuera la presidenta judía de México” irán creciendo hasta 2028, año de la revocación de mandato.

Juegan rudo en Morena. Casi al comienzo de su gobierno asesinaron en Viaducto Tlalpan a dos funcionarios muy cercanos a Brugada. Las investigaciones para dar con el asesino fueron avanzando hasta que de pronto se detuvieron en seco, no convenía ir más allá. Por lo mismo no se sabrá quién organizó la marcha antijudía. Lo mejor, como en el capítulo vigésimo de El Quijote, cuando a Sancho se le afloja el estómago muy cerca del Hidalgo, es “no menearle”. Por eso el estruendoso silencio de Sheinbaum sobre la marcha en Polanco que la aludía. Conviene lavar la ropa sucia en casa, para no dar materia “a la derecha”.

La pugna al interior de Morena subirá de tono por la designación de las candidaturas de más de 19 mil cargos en todo el país. En muchos casos la pelea interna será más álgida que la que libren contra la oposición. A primera vista la presidenta no es el factor determinante para obtener una nominación. Tiene un mayor peso el factor Palenque, sin él la gobernabilidad estaría en peligro.

Sheinbaum parece dispuesta a no permitir que desde fuera se juzgue a los miembros del poderoso 'cártel de Macuspana'. No por lo menos mientras esté abierta la disputa de las candidaturas de su partido.

La presidenta no tiene una corriente propia. Los “claudistas” no tienen un cuerpo de ideas, persiguen sólo posiciones. Luego del fracaso del “Plan México”, Sheinbaum ha renunciado a la vía del crecimiento, en su lugar ha optado por seguir exprimiendo fiscalmente a los empresarios y a la clase media. Ha renunciado a integrar una fuerza conjunta con Estados Unidos para combatir al crimen por lo que los mexicanos seguiremos padeciendo extorsiones y crímenes cotidianos.

La presidenta, como en el caso de la marcha antisemita, ha renunciado a la confrontación interna. Su estrategia, que tan bien le funcionó para obtener la candidatura de su partido, será la sumisión y la obediencia. Claudia ha claudicado.

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