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El poder de la abstención

A pesar del escándalo, Morena no permitirá que se le escape de las manos el control del INE. Si pierde la mayoría en el Congreso tendrían que rendir cuentas de la enorme corrupción en su ejercicio del poder.

El Consejo Coordinador Empresarial pidió equidad en la contienda. La presidenta se enojó y con ello mostró que no habrá equidad alguna. Vamos hacia una elección con los dados cargados a favor de Morena. La nueva dirigencia del INE la elegirán los mismos que eligieron a Taddei. Se les pidió, al ser sorprendidos con las manos en los contratos, un poco de autocrítica. Ni eso pudieron conceder. La culpa al parecer la tuvieron Lorenzo Córdova y Luis Carlos Ugalde. Poco falta para que culpen a Hernán Cortés.

Propuse que los partidos de oposición anunciaran que se abstendrán de participar en las elecciones si no se cumplían ciertos requisitos mínimos de equidad. Lectores atentos me señalaron que Morena celebraría elecciones aun sin oposición, acompañados del Verde, del PT y del Paz. En la elección judicial sólo votó 13% de los posibles votantes y el gobierno lo festejó como un gran triunfo. En una elección sin oposición Morena y sus satélites podrían alcanzar 30% de participación y ocupar todos los cargos en disputa: un partido único al modo cubano. El desprestigio internacional sería mayúsculo, pero no parece importarles, como no les importa que se considere a México un narco-Estado.

Lo importante para Morena es conservar el poder para seguir medrando. La exhibición de algunos audios y videos desnudó la corrupción del INE. No cuesta imaginar el tamaño y la profundidad de los desfalcos en el resto de la administración. Eso para no hablar de la corrupción en los estados, como en el Veracruz de Rocío Nahle y el Campeche de Layda Sansores.

Propuse en mi anterior artículo que los partidos de oposición (PAN, PRI, MC y Somos) anunciaran que no participarían en las elecciones debido a la falta de confianza en el Instituto Electoral dominado por Morena. Fui demasiado tajante. Quizá lo que debe anunciarse es un ultimátum: si para el 15 de febrero no se cumplen reglas básicas de equidad, transparencia y nombramientos en consenso la oposición en su conjunto no participará en las elecciones de 2027, no validará la farsa electoral que con tanto ahínco defiende Claudia Sheinbaum. Este arco temporal serviría para que la oposición preparara, además de su abstención, una serie de denuncias internacionales y de movilizaciones ciudadanas en contra de unas posibles elecciones fraudulentas. Si Morena quiere transitar hacia una autocracia abierta que lo haga solo, sin el acompañamiento cómplice de la oposición.

Las recientes elecciones en Hungría y en Estados Unidos demostraron lo que un electorado furioso puede lograr para oponerse a la corrupción y la ineficacia. Pero de nada sirve la ira ciudadana si no hay una oposición activa para recibir los votos de rechazo. En México no existe esa oposición. Han demostrado su incapacidad para encabezar las protestas en contra de la degradación educativa, la complicidad del gobierno con el narco, la falta de medicinas y la impunidad de las Fuerzas Armadas. Si la oposición no tiene la fuerza para organizar el enojo de la población, sí puede en cambio organizarse para no convalidar la farsa electoral.

La fuerza de la abstención puede ser muy poderosa porque se trata de una protesta contra el fraude. Para Morena este tema es capital. Su movimiento nació como reacción contra un supuesto fraude. Con la abstención electoral podría arrebatárseles esa bandera. El poder de la abstención contra el fraude electoral.

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