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Soberanía, el nuevo nombre del fraude electoral

En Brasil se impuso Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y ahora es el favorito para ganar la presidencia. Este resultado arroja dos lecciones: una, que la izquierda demostró en pocos años que tiene buenos sentimientos y poca práctica de buen gobierno; y dos, que en América Latina la democracia funciona bajo la forma del voto de castigo.

En México hemos experimentado los buenos sentimientos: Primero los pobres; abrazos, no balazos; barrer la corrupción de arriba a abajo; terminar con los privilegios; sistema de salud como el de Dinamarca. En la plaza son buenos discursos, cómo no. Pero la aplicación ha sido pésima.

La pobreza se mantiene: los apoyos sociales se gastan en salud y en seguridad; nuestros hospitales están más cerca de Haití que de Dinamarca, y la inseguridad se ha vuelto cotidiana en la extorsión y las desapariciones. La corrupción no se barrió, ahora tiene la cara de Andy y Adán Augusto, además de que ese cáncer penetró y se extendió en el Ejército y la Marina. La izquierda en México merece, sin duda, el voto de castigo.

En Latinoamérica si un gobierno no da resultados se le castiga con el voto y se le reemplaza con sus oponentes. ¿Puede eso ocurrir en México? Varios factores hacen pensar que eso no será posible.

En primer lugar porque Morena colonizó los órganos electorales. Taddei resultó más morenista que Ariadna Montiel. El Consejo que preside aprobó que sean válidas las boletas planchadas, aquellas que mágicamente pueden entrar en las casillas sin doblez. El Tribunal electoral recién revocó esa decisión. Pero la intención queda. El INE está dispuesto a aceptar cualquier ilegalidad si ésta beneficia al partido oficial. Los candidatos de Morena pueden hacer abiertamente campaña usando un eufemismo. Nunca había sido tan fácil violar la ley electoral.

El Tribunal electoral en el pasado reciente se ha mostrado abiertamente a favor del oficialísimo. Muy lejos quedaron los tiempos en que el Instituto Electoral y el Tribunal podían presumir neutralidad e independencia. Las señales son claras: los órganos electorales ya no sirven para organizar y validar las elecciones sino para impedir el triunfo de la oposición.

Esta toma de los órganos electorales por parte del oficialísimo va en consonancia con la disminución del aprecio de los mexicanos por la democracia. De acuerdo a Latinobarómetro la idea de que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno bajó entre los mexicanos del 74% en 2024 al 53% en 2026. Música para los oídos autoritarios de Morena.

En 2021 la participación del narco a favor de los candidatos de Morena fue descarada. Lo que se ha visto en los últimos meses es una defensa abierta de la presidenta de los personajes señalados por sus vínculos con el narcotráfico. No se abren carpetas de investigación. No se sanciona a los evidentemente responsables. No se extradita a los políticos solicitados a pesar de los tratados firmados. ¿Cómo pagará el narco estas cortesías al gobierno que lo protege?

Morena buscará imponerse por las buenas o por las malas. Con propaganda abusiva y guerra sucia en las redes. Con leyes que pueden anular una elección si se sospecha “injerencia extranjera”. La defensa de la soberanía es el nuevo nombre del fraude electoral.

Morena luchará con todo por conservar el poder. No porque, como dicen ellos, quieran seguir ayudando a los desposeídos sino porque temen que su complicidad con el crimen organizado quedaría al descubierto. Lucharán por el poder para seguir gozando de impunidad.

Llegó Morena al poder de la mano del narco y el narco los ayudará a perpetuarse si no se los impedimos. ¡Despertemos!

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