El golpe y los juegos malabares. El performance de malabarismo verbal de Marcelo Ebrard en la mañanera de este jueves no alcanzó a disipar los nubarrones que oscurecen (más) el presente y el futuro de la economía nacional. No logró el secretario suavizar el golpe asestado por Trump a las exportaciones mexicanas al despojar al tratado de libre comercio -con revisiones anuales- del factor de seguridad en los intercambios, obtenido en 1994, y que propició de allí en adelante -hasta el inicio de este septenio- la atracción de importantes inversiones, con su correspondiente generación de empleos y el incremento de impuestos al erario.
Extradiciones por exportaciones. Acaso la suerte más burda del espectáculo malabar la ofreció el secretario con un chorote de frases inconexas (“mayor dinamismo de la economía”, “reactivación del mercado”, “ventaja competitiva”). Todo para aferrarse a la quimera de “la vigencia del tratado”. Todo para escapar de la pregunta de una reportera sobre la crítica de que “no se dio la ratificación del tratado por la falta de extradiciones” de políticos del régimen acusados de servir a los cárteles. Y todo para seguir en la negación de entender la realidad: que a Trump le importan un cacahuate las ‘normas de origen’ y otros tecnicismos comerciales. Para él la negociación del tratado es un canal más para afirmar su estrategia de seguridad regional, amenazada, dice, por los cárteles mexicanos. Y para asentar su proyecto de rediseño geopolítico.
Más la ingobernabilidad interna. La alerta a los viajeros británicos sobre la inseguridad en México dejará a la selección inglesa sin algunos seguidores. Aquí, el régimen, feliz, por los récords de amontonados en Reforma que ya han cobrado cuatro vidas. ‘Logro’ del clientelismo y la ignorancia de trágicas experiencias internacionales por la congregación de multitudes excitadas por la euforia y otras sustancias.
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