¿Gobierno de cárteles? La presidenta Sheinbaum se niega a asumir que, más allá de que dos decenas, hasta ahora, de miembros de la elite del régimen estén indiciados o investigados en Estados Unidos, es el régimen y el grupo gobernante al que pertenece la presidenta el que está siendo sometido a juicio en el sistema de justicia de Estados Unidos. Y que los cargos que se pretenden fincar hablan de narco-Estado. O, en palabras de Trump, compartidas por un amplio consenso bipartidista en su país: en México gobiernan los cárteles.
¿Watergate? La presidenta se aventuró este lunes a descalificar al New York Times por el uso de fuentes no identificadas que han filtrado la versión de que personajes del régimen mexicano, a fin de ponerse a salvo, ya colaboran -o quieren colaborar- con las autoridades estadunidenses. Pero el uso de fuentes no identificadas como recurso de investigación periodística en Estados Unidos suele estar bien regulado en cada medio, a través de estrictos códigos de conducta y bajo una ceñida supervisión de los editores responsables. Por esta vía, la revelación del caso Watergate condujo a la caída de Nixon. Y un material obligado en las escuelas de periodismo es el libro en que lo cuentan los reporteros Carl Bernstein y Bob Woodward, Todos los hombres el presidente, seguido de la película del mismo título.
¿Convincente? Pero en el actual episodio hay detalles de más fondo. Y acaso el central de esta historia radicaría en que, lamentablemente, el sistema de justicia de Estados Unidos investiga, persigue y procesa políticos mexicanos bajo un argumento (allá) convincente: la falta de un sistema de justicia en México, sustituido por un remedo de fiscalías, juzgados, tribunales y ‘Suprema’ Corte, que mantienen en la impunidad las redes de narcoterrorismo, dicen allá, que amenazan la seguridad del colindante.
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