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Vacaciones del (t)error

Guadalajara, Jal.- En Jalisco hay dos tipos de vacaciones: las que legítimamente solicita una persona socialmente útil que se rompe la espalda todos los días, y luego las que se autoriza por su cuenta la clase política, algo que regularmente ocurre en el peor de los momentos.

Esto último no es firma del sexenio en curso; se trata de una herencia de al menos tres administraciones.

Cuando el priista Aristóteles Sandoval se iba, la violencia se disparaba. Enrique Alfaro decidió que, como el emperador electo por Dios que era, podía descansar una semana sí y otra también para irse a España, comer paella y “recuperar fuerzas” para volver y regañar a sus gobernados.

Fiel a esa costumbre, el gobernador en turno, Pablo Lemus, se avaló un descanso en la antesala de su cumpleaños que, curiosamente, coincidió con la final del Mundial, un tema que por cierto atrajo 99.9% de su atención en medio de una de las peores crisis de salud que ha vivido su entidad: agua potable que parece jugo de llanta exprimida, pero que sabe a caldo de brujo.

Y no olvidemos que, meses atrás, fue a la hamaca cuando se avaló un “tarifazo” al transporte público en diciembre de 2025.

¿Curioso, no? Mientras cientos de colonias del Área Metropolitana de Guadalajara siguen recibiendo agua turbia, con malos olores y calidad cuestionable, cuando el gobierno intenta convencer a la población de que la solución inmediata consiste en repartir garrafones, instalar potabilizadoras temporales y entregar vales para rellenarlos, el góber anda en modo New York.

Esta no es cualquier coyuntura. Como se ha mencionado en incontables ocasiones, la mala calidad del agua ha dejado de ser un problema administrativo y ahora es un asunto de salud pública.

Hoy, miles de familias no saben si el agua que sale de la llave sirve para bañarse, cocinar o cepillarse los dientes. La confianza en el SIAPA —el organismo que se dice a cargo— está rota y la credibilidad del gobierno depende, más que nunca, de la presencia de quien lo encabeza.

Así que, sí: la imagen y la presencia importan, porque gobernar implica estar siempre al filo de la navaja, especialmente cuando las cosas salen mal.

En la ausencia de Lemus, la comunicación social (y política) quedó en manos del secretario general de Gobierno, Salvador Zamora, y del jefe de Gabinete, Alberto Esquer. Ambos han dado la cara, sí. Uno de ellos entregó un plan hídrico con más hojas que la novela francesa En busca del tiempo perdido y el otro… pues el otro hace como que dice que algo pasará en algún momento.

Ahí andan ambos, haciendo su luchita para socializar el Plan Hídrico de ChatGPT, los descuentos al SIAPA para quienes reciben mutágeno, los programas emergentes y los plazos prometidos para septiembre y marzo. Y, aun así, ninguna conferencia sustituye el peso político de un gobernador encabezando personalmente la respuesta a una crisis de esta magnitud.

Más aún cuando la ciudad estaba llena de euforia mundialista y conciertos multitudinarios. Allí el contraste resulta inevitable, porque mientras el gobierno presumía capacidad organizativa para recibir al mundo, miles de habitantes seguían comprando garrafones, usando goggles para bañarse, comprando filtros y hasta llenando baldes con agua de lluvia porque las de sus casas saca ronchas.

La estrategia de corto plazo tampoco ayuda. Cambiar el agua de la llave por garrafones rellenados es una medida de contención, pero jamás una solución. Instalar potabilizadoras en algunas colonias puede aliviar temporalmente el problema, pero a su vez confirma que el Estado sí está al tanto de que su red de distribución tiene más problemas que quien le escribe los discursos a Donald Trump.

Y así, mientras se administra la emergencia en lugar de resolverla, el reloj avanza y la oposición brilla por su ausencia. En Morena, aliados y pedacera siguen creyendo que tirar videos en Instagram, Facebook, X y TikTok es librar la Batalla de las Termópilas.

Allá no hay alternativas serias. Para ellos este escenario es una oportunidad para repartir culpas, grabar videos y publicar indignación en redes sociales. Lo que sigue sin aparecer son propuestas técnicas, viables y financieramente sustentadas para reconstruir un sistema hidráulico que lleva décadas deteriorándose.

Y como el agua puerca no se va a resolver con videos virales, sino con decisiones incómodas y comunicación permanente que genere confianza, las vacaciones del (t)error de Pablo Lemus son eso porque las tomó justo cuando los jaliscienses más necesitaban saber que hay alguien al mando. Que quien dará la cara y asumirá responsabilidades es la persona a la que eligieron, y no que ésta dejará un problemón heredado en manos de sus fuerzas básicas.

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