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Simulemos al narco

Guadalajara, Jal.- En el planeta entero existen los simulacros de incendio, simulacros de sismo o los simulacros de evacuación. Todos, sin excepción, tienen una lógica sencilla: preparar a la población para que reaccione mejor cuando ocurra una emergencia.

Pero luego está nuestro Jalisco de oro y agua de petróleo, donde oficialmente inauguramos los simulacros de narcobloqueos.

Salvador Dalí se habría quedado atónito, pues la escena fue digna del más puro surrealismo mexicano, ahogado en salsita de la que sí pica: patrullas, vehículos blindados, convoyes militares, agentes estatales, federales y municipales recorriendo carreteras con sus códigos encendidos mientras las autoridades repetían un lema que seguro les escribió un asesor/comediante: "No te alarmes ni difundas información falsa".

¿Y cómo no te vas a alarmar cuando cientos de elementos tienen tomadas las principales vías del estado? Simplemente no existe comunicación institucional ni mediática que dé para informar a la gente que esa inusual e innecesaria movilización es apenas una simulación de que, otra vez, el narco se llevó tu tranquilidad.

Por supuesto que la premisa oficial se sirvió como un ansiolítico potente: este lunes 13 de julio se “fortaleció la coordinación entre instituciones” ante una eventual crisis como la ocurrida el 22 de febrero, tras el asesinato de Nemesio Oseguera El Mencho. Y, por supuesto, nadie puede estar en contra de que las corporaciones practiquen; lo que causó preocupación fue la puesta en escena.

Eso y luego la normalización. Porque al poner en marcha un simulacro de este tipo, se asume que el gasto en combustible, horas-hombre, planeación y desgaste de unidades es parte de un entrenamiento requerido porque el narco volverá a tomar las vialidades. Tus vialidades. Tu calma.

Al final, simular al narco fue tan extraño y tan inútil que, sin explicación alguna, el segundo día del “Bloqueo Fest” fue cancelado. Y el único dato que se dio a conocer fue que el tiempo menor de respuesta fue de 10 minutos y el más prolongado, de 32. ¿Pues… gracias?

En realidad, nunca se reveló qué fue lo que realmente motivó un despliegue así. No sabemos si hubo labor de inteligencia detrás. Nada. Simulamos al narco porque en Jalisco debemos anticipar que ese fantasma del que se habla en voz baja puede activarse en cuanto reciba un golpe certero.

¿Y con qué nos quedamos? Con la forma y el fondo. Sabemos que hubo un ensayo, pero no qué aprendimos de él. Nos dejaron en claro que la Secretaría de la Defensa Nacional lo solicitó y lo coordinó, pero no hay un solo comunicado que diga qué resultados dejó. Mucho menos nos pudieron explicar por qué cancelaron el segundo ensayo.

Simplemente no hay explicaciones lógicas. Se sembró incertidumbre porque sí y ya. Y a la gente nomás envíale un tuit con un signo de alerta en rojo y pídele al mismo tiempo que actúe como si nada cuando vea un convoy de 10 unidades con hombres armados. Total, así nos vemos desde que Calderón gobernaba el país.

Al final, desbloqueamos un nuevo nivel de lo absurdo y la función terminó como era de esperarse: un simulacro que también simuló explicaciones, rendición de cuentas y que bajó el telón antes del segundo acto.

Desde el lunes 13 de julio, en Jalisco, el estado más mexicano, ya sabemos simular al narco.

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