Zavel Castro
¿Qué mueve a la crítica? Un gusto que, a posteriori, invoca a seguir tocando. Un toque que incita a seguir disfrutando (¡o gozando!)
-Patrick Pessoa, "Metamorfoses da crítica"
En el más reciente “Laboratorio de crítica teatral para nuevos públicos” que impartí, dedicamos algunas sesiones al análisis de los modelos de escritura tradicional, tanto del periodismo de espectáculos, como del campo académico. Uno de los objetivos del programa era identificar todo lo que ha desvinculado a los públicos de la práctica que nos convocaba, para proponer alternativas de comunicación dirigidas a los espectadores primerizos.
Durante el curso nos preguntamos qué es lo que hace a la crítica teatral tan poco atractiva para las personas que no están relacionadas vocacional o profesionalmente a las artes escénicas, qué explica que la gente común imagine a quienes se dedican a ella como personas engreídas, y cuáles son las razones por las que apenas un 13% de los públicos fidelizados considera la opinión de especialistas al momento de elegir una obra.
A partir de este ejercicio, el grupo conformado por personas de Chile, México y Perú reparó en el lugar que ocupa el placer en ese tipo de textos: cuando no es nulo, es marginal, como si existiera una especie de vergüenza en reconocer que un espectáculo puede provocar algún tipo de goce, más aún si éste no fuese puramente intelectual.
Las normas silentes del mundillo cultural han convencido a la mayoría de que la crítica, para ser legítima, debe mostrarse fría y solemne, y, sobre todo, debe borrar toda huella de la subjetividad de quien la escribe. La falacia de la objetividad del juicio sólo resulta atractiva para los defensores de la idea cartesiana de que el cuerpo y la mente funcionan por separado. Valdría la pena preguntarse en qué medida la moral judeocristiana, que vincula la corporalidad al pecado, ha influido en la propagación de esta máxima.
De cualquier modo, esta premisa convertida en dogma por los críticos puritanos ha hecho que los textos o contenidos que asumen la sensibilidad como un factor indispensable para la articulación del pensamiento sean considerados menores en comparación de aquellos en los que el autor, desde una posición de superioridad, en todo caso cuestionable, califica las obras simulando neutralidad. Basta con que defienda sus impresiones glosando a los referentes intelectuales, replicando el saber consensuado para que se tomen por ciertas. En este mundo pensar se confunde con repetir lo que otros han dicho, mientras que la elaboración intelectual significa renunciar al placer.
¿A quién le conviene que la crítica se presente como una práctica frígida en la que el deleite carnal y el regocijo no tienen cabida? ¿Qué pasaría si en su lugar admitiéramos, siguiendo a Patrick Pessoa, a quien tomamos como inspiración para imaginar otras formas posibles, que nuestros textos y contenidos nacen de una relación erótica con el teatro y de la urgencia de escribir para continuar conviviendo íntimamente con las piezas que más nos tocan?
En su libro Metamorfosis da crítica, el crítico teatral brasileño asume el erotismo inherente en el intercambio que se establece al intentar conocer a otro en sus propios términos, a través de la crítica. ¡Qué deliciosa esta manera de pensarla! Qué distinto sería comenzar por reconocer el placer que una obra nos produjo, antes de intentar comprenderla.
Qué estimulante sería que quienes nos dedicamos a esto lo hagamos con la intención de cultivar el deseo de experimentar el placer de distintas formas, a través de un texto sugerente, que celebre el intercambio erótico entre creadores y estudiosas de la escena, que, a decir de Patrick, también son artistas en toda regla. Entonces, hacer crítica sería, como el teatro mismo, una práctica dionisiaca, sensual y festiva, un ritual de intimidad compartida, un pensamiento exaltado por los sentidos, uma práctica gostosa, intensa, safada. Puedo apostar que tendría más adeptos y públicos apasionados.
Espero que la obra la obra de Patrick se traduzca pronto al español, pero, sobre todo, que esta idea de la crítica que sitúa al placer en el centro siga expandiéndose para convocar a más críticas deseantes, como auguraba aquel libro de Federico Irazábal.
*Zavel Castro. Historiadora, crítica y curadora de artes escénicas. Fundadora de la plataforma de crítica Aplaudir de Pie. Miembro de la mesa directiva de la Red Latinoamericana para el Desarrollo de Públicos. Imparte talleres independientes de crítica teatral desde un enfoque en el que dialogan diversas perspectivas y disciplinas, proponiendo una práctica alternativa a los modelos tradicionales del periodismo cultural.
@ZavelCastro
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