Inferencias inquietantes. La estrategia contrainformativa de Palacio abre inferencias inquietantes sobre sus propósitos, más allá del control de daños por los escándalos del INE apañado por López Obrador.
1: Igualar en el cieno. El anuncio de la auditoría superior de que investigará al IFE/INE desde principios de siglo busca ‘igualar’, bajo la lente del descrédito, las presidencias del árbitro electoral, de Woldenberg a Taddei. En otras palabras, arrastrar a la condenación de Taddei, a los honorables José Woldenberg, María Marván y Lorenzo Córdova, o Luis Carlos Ugalde, Andrés Albo y Leonardo Valdés. Incluso, proceder contra Taddei podría manejarse por el régimen como ventana de ‘legitimidad’ para actuar, también formalmente, contra críticos o adversarios.
2: Descarrilar liderazgos y partidos. Atribuir el origen de la degradación del INE de Taddei a la presidencia de Lorenzo Cárdova y ahora de José Woldenberg, conduce a descarrilar liderazgos de prestigio, hoy sociales o intelectuales, que podrían evolucionar a ‘riesgos’ de carácter político para un proyecto de poder a perpetuidad. De allí, también, la extraña inclusión presidencial del nuevo partido Somos, como impulsor de autodenigración del INE actual.
3: Reescribir la historia. Se trataría de reescribir la reciente historia electoral de la transición a un sistema competitivo y de alternancia en todos los cargos de elección, por un régimen encaminado precisamente a lo contrario: a elecciones sin competencia real y sin alternancia en el poder real. La vía: descalificar la autonomía del árbitro y a quienes la ejercieron.
4. Otro futuro. Con el árbitro en la lona, ahora se induce a una crisis de la que el oficialismo sacaría las mayores ganancias para, pasada la elección, liquidar formalmente a un INE en cenizas y concentrar las funciones electorales en Palacio.
5. Apañar. El apañamiento de las elecciones se aseguraría así para 2030 y siguientes.
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