La pregunta clave es ésta: si la Fiscalía General y la presidenta de la República sostuvieron que no hay pruebas en su contra, si los diputados oficialistas le brindaron su estentóreo apoyo ––“¡no estás solo, no estás solo!”, el mismo grito de guerra con que cobijaron a Cuauhtémoc Blanco––, si el partido en el poder emitió un comunicado respaldándolo contra los “falsos señalamientos”, ¿por qué causó escozor tanto en Palacio Nacional como en San Lázaro que retomara sus tareas de gobernador?
La respuesta parece obvia: porque saben que sí hay pruebas, unas tan a la vista como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, y otras que asomarán en cuanto se realice una investigación seria, profesional e imparcial. Porque si Rubén Rocha Moya estuviese libre de pecado, podría lanzar la piedra de su regreso. Él mismo enmendó su acción y volvió a retirarse. No lo hizo para pasar al libro Guinness de récords como el gobernador que menos tiempo ha durado en funciones al regresar de una licencia. Él sabe por qué lo hizo.
Porque si fuera inocente se podía haber defendido: ¿por qué tendrían que molestarse si Estados Unidos no tiene razón en su petición de que se le detenga con fines de extradición, si la fiscalía no ha hallado un solo indicio de que realizó una conducta delictiva y la presidenta llegó a decir que si se le extraditaba, luego vendrían por otros y por otros y por otros?
La presidenta escribió en la red social X que “el poder que olvida al pueblo termina enfrentándose a la historia”, pero ese enfrentamiento puede ocurrir cuando el olvidadizo ya haya dejado este mundo. A lo que debe enfrentarse quien ha cometido delito, antes que a la historia, es a la justicia, pero a una justicia imparcial, objetiva, profesional, que no exima a priori a los del propio rebaño sino que indague con el propósito de descubrir delitos y culpabilidades siguiendo todas las pistas sin conclusiones anticipadas.
En un país donde la impunidad es la regla y no la excepción, sobre todo si se es parte de la mafia del poder (la expresión de López Obrador perfectamente aplicable a su gobierno y al gobierno actual), se hizo creer a Rocha Moya que podría regresar al gobierno de Sinaloa como si nada. Se equivocó. Pero no basta con que se haya marchado de nuevo. Es preciso que se le investigue en serio.
Recomendar Nota
