Como se comentó hace unos días, el incremento de la tasa de interés de Estados Unidos y la decisión del Banco de México de mantener sin cambios la propia tasa de interés de referencia, redujo el diferencial de tasas a su nivel más bajo desde 2008: 2.50 puntos porcentuales. Además, en el país vecino también los Bonos de largo plazo aumentaron su rendimiento.
Así, la inversión en pesos perdió atractivo y su salida afectó el valor del peso. El 3 de septiembre el tipo de cambio llegó a 16.88 pesos por dólar, uno de los más bajos en años. El jueves 24 de septiembre la cotización había aumentado 80 centavos y se ubicaba en 17.68 pesos por dólar; una semana después, el jueves 1º de octubre, el tipo de cambio aumentaba otros 64 centavos para alcanzar un nivel de 18.32 pesos por dólar (13:32 horas).
En un mes el tipo de cambio aumentó 8.5% y en la última semana de manera acelerada.
El Índice de Precios y Cotizaciones de la BMV también se deterioró. De su máximo histórico de 72,111.41 puntos del 11 de febrero de 2026, para el 1º de octubre era de 63,836.45 puntos, 11.5% menor.
El alto diferencial de tasas de interés anteriormente existente sí atraía capitales y algunos grandes inversionistas pedían prestado en mercados con baja tasa de interés para traer sus dólares al país, convertirlos en pesos y aprovechar el rendimiento más alto ofrecido por el mercado mexicano. Al reducirse el diferencial de tasas, este denominado “Carry Trade” migró al dólar y a otros mercados.
Cabe recordar que, para el cierre de 2026, los Criterios Generales de Política Económica estiman un tipo de cambio de 18.40 pesos por dólar y una tasa de interés nominal de 6.3%, así como un nivel promedio de las tasas internacionales de interés de 3.6%; pero lo que se observa es que este último trimestre está iniciando como debía de terminar, por lo que habrá que ver si la propuesta de política hacendaria y monetaria logra mejorar y recuperar la percepción de confianza en el peso y en la economía mexicana.
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