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El momento del brindis

En esta entrega continuaremos con la propuesta para resolver entre todos un problema público, con la intención de aportar a nuestro país un motivo de orgullo que sea producto de nuestra generación, y no de la naturaleza o del pasado.

Decíamos la semana pasada que romper la pasividad ciudadana no es un asunto de buena voluntad. Es necesario construir un entramado que mueva a las personas a actuar, a partir de la convicción de que su esfuerzo no será aislado, sino parte de un movimiento compartido con la sociedad y su gobierno para alcanzar una meta común.

Lograr esa convicción requiere una serie de pasos que podemos identificar en el modelo de “comunic-acción” que utilizó el Teletón para posicionarse. Hoy analizamos los dos primeros.

(Aclaro: la existencia de tal modelo es una suposición mía, basada en la observación, pues nunca he participado ni tratado con alguien que haya participado en la organización).

El primer paso ocurre tras bambalinas. El Teletón no inició cuando un conductor salió al aire, sino muchísimo antes. Para llegar a ese punto seguramente fue necesario invertir años en dialogar y convencer a cientos de actores clave, particularmente empresas de comunicación, sobre la importancia de su participación.

Esto significó sentar a competidores —televisoras, radio y prensa— y convencerlos de emitir un mismo mensaje al mismo tiempo. El resultado fue una capacidad de comunicación pocas veces vista.

Es cierto que aquel esfuerzo nació en un mundo de comunicación unidireccional y con unos cuantos canales, mientras que hoy vivimos en una anarquía comunicacional donde miles de millones de voces utilizan miles de canales para expresarse simultáneamente.

Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo: integrar la mayor cantidad de difusores —desde grandes medios hasta líderes digitales y, de manera muy importante, al propio gobierno— para que se sumen a la iniciativa.

Pero ¿para qué sumar más voces si el entorno ya está saturado de ruido? Aquí entra el paso 2: captar la atención de la sociedad. El propósito no es solo que todas digan lo mismo, sino que lo digan al mismo tiempo, a fin de lograr lo que llamo un "momento brindis".

Me refiero a ese instante en que, en una cena donde todo el mundo habla de temas distintos y el caos es ensordecedor, alguien hace sonar su copa con un cubierto. De manera casi mágica, el barullo se detiene: la gente interrumpe su charla, guarda silencio y voltea hacia el sonido.

Eso es lo que buscan estos dos pasos: provocar una pausa en el caos informativo y enfocar la atención colectiva en un mensaje que está por decirse.

Pero ese silencio es efímero. Pronto el ruido regresará y los algoritmos dispersarán la atención social. Por eso, la pregunta clave es inevitable: cuando logramos que todos miren, ¿qué debemos decir?

De ello hablaremos la próxima semana.

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