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Información para decidir con libertad

La señal que nos activa

En la ruta para impulsar la solución a un problema público desde la sociedad civil, hemos cubierto cuatro pasos de nuestro método de comunicación para la acción: (1) organizar un ejército de difusores, (2) emitir el mismo mensaje, al mismo tiempo, para lograr un “efecto brindis”, (3) aprovechar ese momento para informar que “tenemos un problema” y (4) sensibilizar sobre su gravedad.

La semana pasada dejamos al ciudadano incómodo, obligado a asomarse a la profundidad del problema y a descubrir cuán grave es. Hoy veremos el paso cinco: compartirle esperanza.

El Teletón dominaba esta transición de manera magistral. A pesar del dolor y la profunda tristeza que producían sus historias al inicio, el mensaje final nunca era de desesperanza; al contrario, mediante un quiebre en la narrativa terminaba transmitiendo alegría y optimismo.

A menudo en la misma cápsula, tras mostrarnos las carencias y el duro entorno de un niño con discapacidad, la historia daba un giro: nos enseñaban a ese mismo pequeño en una terapia de rehabilitación, explicando las mejoras que había registrado y las que lograría en el futuro si continuaba con su tratamiento. En un instante, la dolorosa realidad se transformaba ante los ojos del espectador en un horizonte de éxito posible.

Esa misma lógica debemos aplicar en el paso cinco. Después de usar la comunicación coordinada para sensibilizar sobre la gravedad de un problema, debemos utilizar ese mismo recurso para emitir una señal de que tiene solución.

Pensemos en los ejemplos que tocamos la semana pasada. En medio de una crisis hídrica, cuando la ciudadanía ha tomado conciencia de la gravedad y está en situación de alarma, es el momento de emitir la señal: comunicar que no todo está perdido y demostrar con datos que una realidad mejor es posible y alcanzable.

En el caso de la violencia de género, la primera reacción ante hechos que sacuden a la sociedad es de indignación y enojo, manifestados en marchas y consignas genuinas como “ni una más”. Sin embargo, con los días, ese ánimo termina en una frustración social ante el hecho de que formamos parte de una cultura violenta. Es justo aquí, antes de que esa frustración devenga resignación, cuando se debe mandar la señal de que un escenario distinto es posible; uno en el que las mujeres viven sin miedo.

No se trata de inventar utopías, sino de usar la comunicación estratégica para convencer de que hay escenarios alternos deseables y viables. El objetivo de estas señales es provocar que los ciudadanos se proyecten en ellos y surja un anhelo por alcanzarlos. Si ese anhelo es lo suficientemente poderoso, tendremos un ejército de ciudadanos dispuestos a involucrarse en la solución del problema que los aleja de su escenario deseado.

Esto no es una ocurrencia. Existe un sustento científico de que esta es la manera como reaccionamos. De cómo la neurobiología y la ciencia del comportamiento nos pueden ayudar a provocar la reacción deseada en el ciudadano, hablaremos la próxima semana.

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