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El Adulto

En septiembre de 2018, durante la primera presidencia de Donald Trump, The New York Times publicó una columna de manera anónima, de un supuesto alto funcionario de su propia administración. El texto era extraordinario. No porque dijera que Trump era impulsivo, errático o poco amigo de escuchar consejos. En ese momento, eso era vox populi.

Lo extraordinario era que el autor aseguraba que adentro de la Casa Blanca existía una especie de resistencia silenciosa dedicada a impedir las peores ocurrencias del presidente. Funcionarios que retiraban papeles de su escritorio, frenaban decisiones y moderaban impulsos. Gente seria cuidando que el señor de la casa no incendiara las cortinas.

La frase que sobrevivió a esa carta quedó para la historia.

Le aseguraba al ciudadano estadounidense que “había adultos en el cuarto”.

México parece haber decidido experimentar con el modelo didáctico contrario.

Aquí no sabemos exactamente quién está en el cuarto, pero un adulto, lo que se dice un adulto, parece que no hay ninguno.

El Primogénito pierde la visa estadounidense y escribe una carta dirigida al mismísimo Donald Trump, en la que acusa a sus funcionarios de altísimo nivel de una persecución política. Pide prácticamente que el presidente de Estados Unidos ponga orden entre sus subordinados. No sin antes insultarlo de una manera pasiva agresiva. Como todo lo que esta familia hace. 

El Primogénito regañando con todo y sin pena alguna a Washington.

Podría ser una anécdota pintoresca si El Primogénito fuera solamente El Primogénito. Pero resulta que es hijo del expresidente, exsecretario de Organización del Partido Transformador, aspirante a diputado, chairo candidato a presidente, junior opulento desde chiquito y heredero de un apellido que en la Transformación funciona bastante mejor que cualquier currículum.

Y ahí está lo verdaderamente interesante.

Todo el aparato Transformador sale a arroparlo.

La Suplente cuestiona la decisión estadounidense. Morena denuncia injerencia. Los dirigentes cierran filas. Hacer pase de lista en forma de apoyo para ver quién está alineado. Proponer una “visa para todos”. En Tabasco hasta han decidido que llamarlo Andy constituye una forma de agresión política. Al Primogénito no solamente hay que defenderlo. Hay que defenderlo hasta de sus propias disminuciones.

Una maquinaria formidable para cuidar a un cuarentón millonario y privilegiado.

Esa es la misma maquinaria que puede ser implacable cuando el bando cambia.

Ernesto Ruffo, primer gobernador de oposición en la historia moderna del país, fue detenido y permanece sujeto a proceso por delincuencia organizada y contrabando de hidrocarburos. Su culpabilidad correspondería determinarla a un tribunal. Eso debería ser lo obvio. Y que en México ya no lo es.

Porque mientras para los propios se exigen pruebas, se desgarran la vestidura, hacen berrinche, piden expedientes impecables, respeto al debido proceso y hasta consideración geopolítica, para los otros basta la acusación para poner a funcionar la trituradora. Perdón. El “Estado de derecho”.

No es justicia. Es mera administración de afectos.

Y ahí está el verdadero problema.

No que El Primogénito escriba (o le escriban) cartas. No que el partido lo defienda. Tampoco que sus excesos y privilegios muy públicos sean un problema. Ni siquiera que el poder sea capaz de aplastar adversarios mientras envuelve a los propios en plástico burbuja.

El problema es que nadie parece tener autoridad para decir “basta”.

Nadie puede decirle al Primogénito que guarde el telefonito. Nadie puede decirle al partido que deje de comportarse como famiglia siciliana. Nadie es capaz de exigir que la justicia utilice la misma vara. Nadie tiene el valor de recordarle al gobierno que gobernar, consiste precisamente en eso.

En la Casa Blanca de Trump alguien presumía que había adultos evitando el desastre. Aquí el berrinche tiene vocero, bancada y comunicado oficial. Siguen esperando a que el mero nombre de AMLO solucione las cosas. Sin que nadie tome responsabilidad sobre nada.

Y esa, es la verdadera política de Estado...

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