Ernesto Zedillo sostiene que México es una autocracia electoral. Es una descripción fuerte. Lo dijo en la mesa “Europa, América y el deterioro de la democracia”, que se celebró en Madrid con motivo de los 25 años de la revista Letras Libres.
En la charla también participó Manuel Valls, exprimer ministro de Francia, y Enrique Krauze, quien fungió como moderador.
El expresidente Ernesto Zedillo es un hombre cauto, suele estudiar lo que dice y sus participaciones públicas son más bien esporádicas, aunque han ido aumentando en los últimos años. Por eso tienen peso específico sus análisis, que se alejan del simple repaso de las coyunturas.
Zedillo dijo: “Si hacemos una verificación de los atributos que debe tener una democracia, creo, desgraciadamente, que nuestro país no los tiene; obviamente se van a celebrar elecciones que, para propósitos prácticos, las va a organizar el gobierno”.
Y abundó, al preguntarse quién juzgará o determinará si hay controversias: “Un Tribunal Electoral controlado por el gobierno; habrá uso de recursos públicos y muy seguramente del crimen organizado para apoyar a los candidatos del partido en el poder y no habrá instrumentos legales para rechazar eso porque se controla a los jueces y a los organismos electorales”.
Para Zedillo, el ejemplo de lo que terminará por ocurrir es la elección de jueces de 2025, a la que catalogó de espuria. En efecto, hasta para los más entusiastas defensores del gobierno actual es difícil defender lo que ocurrió, con acordeones, sesgos y burlas que significaron un golpe al Poder Judicial.
Pero ¿estamos ya en una autocracia electoral? Para llegar a una calificación semejante tienen que cumplirse ciertos requisitos, que enumero: elecciones con competencia desigual, concentración del poder, debilitamiento de la independencia del Poder Judicial, control o presión sobre los medios de comunicación, afectación de los organismos electorales y restricciones a la sociedad civil.
Para mala fortuna, en cada uno de estos aspectos hay ejemplos concretos de lo que está ocurriendo. Sí, somos una autocracia electoral.
En el informe Democracy Report 2026, V-Dem clasifica así a México: como una autocracia electoral que se encuentra en la zona gris. Lo interesante, o inquietante, es que fecha con claridad el deterioro: el inicio de la autocratización en 2019 y el cambio de categoría en 2024. En 2018, en el mismo informe, la descripción era de democracia electoral, aunque con limitaciones en contrapesos e independencia judicial.
Todos sabemos qué ocurrió, lo dijo Zedillo en Madrid, pero las piezas para el análisis están a disposición de políticos y analistas.
¿Qué hacer? Menudo reto, pero, para empezar, seguir insistiendo en el poder del voto, en no resignarse, en pasar a la ofensiva en la guerra de las ideas.
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