...

Información para decidir con libertad

Más PIB, menos trabajo

El INEGI publicó recientemente su estimación oportuna del PIB: la economía creció 0.9% en el tercer trimestre y 3.2% a tasa anual, su tercer avance consecutivo. El IMSS, a su vez, cerró septiembre con 22.9 millones de puestos afiliados, un récord histórico. Con esos números, cualquiera esperaría que el mercado laboral estuviera en expansión.

Sin embargo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de septiembre cuenta otra historia. En el último año, la población ocupada se redujo en 267 mil personas y la de asalariados, en 782 mil; como el empleo formal siguió al alza, la pérdida se concentró en puestos sin seguridad social. Pese a ello, la tasa de desempleo bajó de 3% a 2.8%.

¿Cómo puede bajar el desempleo cuando se pierden empleos? ¿Y cómo puede crecer una economía en la que trabaja menos gente?

Hay dos respuestas posibles: una tiene que ver con cómo se mide el empleo, la otra con cómo está creciendo el país.

La primera es de carácter técnico: el INEGI sólo cuenta como desempleado a quien busca trabajo, y quien deja de buscarlo sale de la población económicamente activa, que en un año perdió 359 mil personas. Lo desconcertante es que el aumento de la población inactiva no parece corresponder directamente con un fenómeno de desaliento laboral. Los disponibles para trabajar apenas aumentaron en 40 mil; los que dicen no estarlo, en 1.7 millones.

Esa anomalía da sustento a la propuesta de Ernesto O’Farrill en El Financiero («¿Qué está pasando con las estadísticas del mercado laboral? Algo no cuadra») de revisar la metodología de la encuesta. Sus cifras mensuales arrojan variaciones difíciles de explicar, como la pérdida de 718 mil empleos en un solo mes.

Pero, aun si los datos fueran exactos, quedaría por explicar por qué la expansión no se traduce en más empleo. Y ahí entra la segunda posibilidad: el crecimiento se concentra en actividades que emplean poco.

De acuerdo con el IMCO, en agosto la fabricación de derivados del petróleo aumentó 21.2% anual. En septiembre, las exportaciones avanzaron 37.9%, impulsadas por equipo electrónico, ensamblado con insumos mayoritariamente importados. Son actividades capaces de generar mucho valor con relativamente pocos trabajadores.

El fenómeno no se limita a esos sectores. La construcción —que tradicionalmente da trabajo a mucha gente— creció 7.9% en agosto. Aun así, emplea a 167 mil personas menos que hace un año. El comercio, que concentra a una de cada cinco personas ocupadas, perdió 191 mil.

El IMSS aporta otra pista: los patrones afiliados acumulan 27 meses de caídas anuales. El dato apunta a una posible concentración en empresas de mayor tamaño, mientras los negocios pequeños se repliegan.

Si esa hipótesis se confirma, México estaría creciendo sobre una base endeble: una expansión dependiente de la demanda estadounidense de equipo para IA y del gasto en obra pública, expuesta a vulnerabilidades externas y restricciones fiscales. El consumo interno, por lo demás, difícilmente se fortalecerá si cada vez menos personas tienen un ingreso laboral.

De ahí la importancia de entender cuál de las dos explicaciones tiene más peso. Si el problema está en la medición, Banxico y Hacienda podrían estar decidiendo con un mapa equivocado del mercado laboral. Si es estructural, la política económica tendrá que voltear hacia los sectores que emplean a la mayoría de los mexicanos.

Solemos dar por hecho que el crecimiento trae consigo empleo. Los datos más recientes ponen en duda ese supuesto. Una economía que se expande mientras cientos de miles de personas dejan de trabajar obliga a preguntarse para quién está creciendo. Un PIB mayor no necesariamente significa un país con más oportunidades.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp