Donald Trump pidió, en su momento, que, a la hora de estar frente a la boleta, pensaran que él estaba en ella, y así lo hizo una gran mayoría de los ciudadanos, para dejar claro que había que poner ya límites a las locuras del emperador.
Por eso los demócratas arrasaron y cambió el panorama político en Estados Unidos. Un aspecto a retener es el voto latino, la puesta en acción de un sector agraviado por las políticas migratorias y racistas de la Casa Blanca.
Otro tanto se podría decir de otras minorías, también lastimadas por estos últimos años de frenesí ultra.
Detrás del voto del martes hay un castigo severo al ICE y a la Patrulla Fronteriza.
Una lección que hay que tener presente es que se pueden poner diques al populismo, pero solo mientras las instituciones se mantienen en pie.
La derrota de los republicanos, y en particular de Trump, es un alivio para la democracia, la división de poderes y el Estado de derecho.
Pero la debacle de los republicanos y sus sectores más radicales está lejos de ser definitiva, de ahí que haya un gran trecho que recorrer hasta las elecciones de 2028.
¿Qué significará para México la caída legislativa de los republicanos? Es incierto, porque los temas torales, el comercio y la seguridad, no cambiarán demasiado, ya que son atribuciones de la Casa Blanca.
Quizá habrá un control legislativo más acusado, pero esto no quiere decir que disminuirán las presiones, sobre todo en lo referente al combate a la corrupción y al crimen organizado, donde la arista más delicada es la de las responsabilidades y colusiones de servidores públicos mexicanos en esos asuntos.
En todo caso, lo que sí hay que celebrar es el sentido del voto mayoritario, que reprueba a un gobierno depredador y violento, cuyos caprichos encarecieron la vida y lo condujeron a guerras absurdas, como la que sostiene con Irán.
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