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Información para decidir con libertad

La prensa como enemigo

 Houston, Texas.- El Instituto Baker de la Universidad de Rice me invitó a hablar sobre La Aurora y la situación del periodismo en México. Aquí dejo algunas ideas que expuse.

La mayoría de los medios ofrecen una cobertura favorable al gobierno, apoyan a Morena y ridiculizan a la oposición. Conservan a algunos columnistas críticos, pero la agenda informativa la marca la Presidencia.

Obedecer, sumarse, es garantía de supervivencia y en algunos casos también trae prosperidad.

Un periódico afín y vocero de López Obrador, en el sexenio pasado recibió mil 600 millones de pesos. Unos 90 millones de dólares. Sólo por publicidad.

A los medios que realizan una cobertura crítica, o que no siguen la agenda fijada por la presidenta en las conferencias matutinas, se les cierra el acceso a la publicidad.

Ustedes se preguntarán, y los medios críticos ¿por qué no afianzan su relación con el mercado para no depender del Estado?

La respuesta está en que tenemos un sector empresarial temeroso y oportunista. Con excepciones, no ponen su publicidad donde moleste al gobierno.

Unos porque viven de los contratos con el gobierno, o son sus socios.

Nadie quiere auditorías o trabas en su desempeño por aparecer como financistas de medios a los que la presidenta considera sus enemigos.

Entonces a veces uno se pregunta: ¿qué hago defendiendo la libre empresa y un marco sano para su desarrollo, si los empresarios aplauden al gobierno que se apropió del Poder Judicial, los sacó del sector energético y le dio al Ejército tareas que son propias de la iniciativa privada?

En los medios, hablo de grandes medios, que son críticos, hay una realidad que se silencia por pudor: la mayoría de los articulistas permanentes escriben sin que les paguen.

Han dejado de cobrar un sueldo o un emolumento por su trabajo.

Las eminencias, o figuras públicas, pueden sacrificarse y trabajar sin cobrar porque tienen ingresos que provienen del ejercicio de otras actividades profesionales.

¿Y los jóvenes?

Los jóvenes que necesitan tener ingresos por su trabajo sólo encontrarán cabida remunerada en el periodismo oficialista.

O tendrán que ir a hacer preguntas a modo a la presidenta en Palacio Nacional. Tomar el micrófono en las mañaneras para desprestigiar a otros periodistas en ese gran escaparate.

Hace unos días sucedió algo muy triste. Un joven youtubero se refirió -en una pregunta a la presidenta- a Carlos Loret como miembro del “hampa del periodismo”.

A eso van a Palacio Nacional, a servir como golpeadores de periodistas que investigan y dan a conocer los hechos del México real, que se desmorona en corrupción, crimen organizado, ausencia de Estado de derecho, paupérrimo sistema de salud, educación abandonada, caída brutal del empleo y pérdida de libertades.

La guerra reputacional contra el periodismo libre se fragua en las oficinas de Comunicación de la Presidencia, con el objetivo de tener el monopolio de la agenda y de la conversación pública.

A través de los medios saturan con el relato oficial: la pretendida verdad única, la del gobierno. Y es muy difícil quitarle al gobierno el monopolio de la palabra e introducir temas de interés público en la agenda.

Solo destapando escándalos se puede conseguir, sin grandes consecuencias, la atención de la opinión pública. Y eso, por un par de semanas y adiós.

Cierto, todos los gobiernos del mundo quieren tener el control de la agenda pública. Pero en países democráticos eso se logra en condiciones de competencia.

En mi país se suele elogiar a López Obrador como el gran genio de la comunicación política. ¿Cómo no, si no tenía competencia enfrente?

Pudo decir y hacer barbaridades porque tuvo la complicidad de las cúpulas del sector privado, que se prestaron a las comedias más bochornosas que se recuerden, en agravio de México.

Los medios se alinearon. Unos por convicción, otros por brindar el beneficio de la duda, y otros por servilismo, que ha sido bien recompensado.

Quienes resistieron, muy pocos, están pagando las consecuencias.

Toda este clima de confrontación al periodismo libre se da en un contexto de 61 periodistas asesinados en siete años de Morena en el gobierno.

No digo que los mató el gobierno, sino que fueron asesinados en un clima de hostilidad brutal hacia los periodistas, alentada a voz en cuello desde Palacio Nacional.

La gran mayoría de los periodistas caídos fueron asesinados en los estados, donde reina la impunidad y en no pocos casos la alianza entre el poder político y el crimen organizado.

Cierto, el periodismo no es una víctima aislada, sino que es parte de una tragedia nacional.

En México hay una cifra total de 135 mil desaparecidos. El 60% de los casos ha ocurrido en estos siete años.

Ante la pregunta ¿hay o no libertad de prensa en México?, la respuesta es sí, hay espacios críticos donde se ejerce la libertad de expresión, pero viven en condiciones de acoso y precariedad.

En esa esquina se ubica La Aurora, un medio abiertamente crítico del populismo que destruye el sistema democrático, degrada la convivencia de los mexicanos entre patriotas y vendepatrias, cercena el futuro de los jóvenes y trunca el desarrollo del país.

Tratamos de explicar el país al país con un elenco de articulistas brillantes, y nuestro objetivo es tener la posibilidad de contar el país al país.

En La Aurora seguiremos, hasta donde alcancen nuestras fuerzas, en el empeño por sostener el derecho a decir y el derecho de la gente a saber.

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