...

Información para decidir con libertad

Ganó un demócrata en Brasil, pero…

La victoria de Lula en las elecciones brasileñas fue sorpresiva porque la mesa estaba puesta para que perdiera.

Corrupción, violencia y deterioro económico parecían elementos suficientes para que el viejo dirigente de la izquierda en ese país se fuera a su casa.

A Lula lo hizo ganar Bolsonaro.

Puestos a elegir, la mayoría (varios millones) de los indecisos y votantes de la derecha liberal, en la segunda vuelta prefirió a Lula que a un rencoroso que salpicaba su mala leche en las intervenciones públicas.

Además de prepotente, Bolsonaro resultó ser un cobarde. Dejó solos a los sesenta millones de brasileños que votaron por él. Tomó sus cosas y se fue a Miami en un vuelo privado.

Lula es un demócrata y está lejos de las posiciones contra la libre empresa y la inversión privada. Inversionistas que estaban en México, ahogados por la hostilidad obradorista y la falta de seguridad jurídica, se han ido a Brasil.

No ha sido un destructor de instituciones. No se apoderó del poder judicial, que investiga a su hijo, Lulinha, por influencias indebidas en la asignación de contratos.

Tampoco destruyó a los órganos electorales. En las ocasiones en que perdió, dejó sin sobresaltos ni regateos el palacio de Planalto.

Buena noticia para la democracia, pero ahora es el propio Lula quien deberá encabezar las reformas para sortear la crisis económica que se le viene encima a Brasil, producto del derroche populista.

Y lo tendrá que hacer en una situación de debilidad, dados los triunfos de la oposición en los estados y en el Congreso.

La deuda se aproxima al tamaño de toda la producción anual de Brasil y su déficit fiscal superior al ocho por ciento del PIB.

El Fondo Monetario Internacional calcula que la deuda pública bruta brasileña llegará este año al 97.8 por ciento del PIB, frente al 84 por ciento de 2023. En cuatro años, un incremento de casi 14 puntos porcentuales. Para 2027 llegará al 100 por ciento y seguirá creciendo.

Brasil produce bienes y servicios por aproximadamente 2.6 billones de dólares anuales. Su deuda pública se acerca a los 2.6 billones de dólares.

El problema no es solamente cuánto debe, sino cuánto le cuesta sostener esa deuda.

Para este año el déficit fiscal previsto equivale al 8.2 por ciento del PIB. Son alrededor de 216 mil millones de dólares que el sector público gasta por encima de sus ingresos y que deberá cubrir con más deuda.

A ello se suman los compromisos de gasto y beneficios fiscales que Lula ofreció durante la campaña presidencial: unos 56 mil millones de dólares.

Su triunfo el pasado domingo le dio otros cuatro años en el poder, y ahora deberá obtener los recursos para financiar todas sus promesas.

“No hay fiestas gratis”, decía un ex secretario de Hacienda. Y la cuenta de la campaña le llegará a Lula cuando tenga que decidir entre recortar el gasto, aumentar impuestos o seguir endeudando a Brasil hasta que reviente.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp