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El imperio de las urnas: de Eugenia de Montijo a la caída de Guadalupe Taddei

Se dice que la historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. ¿Quién imaginaría que el destino de los procesos electorales venideros estaría guardado en el portafolios del chofer de la presidenta del INE? ¿Es esa la tragedia o la comedia? No lo podemos definir con exactitud. Lo que sí pudimos constatar es que la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE el pasado 26 de octubre, no sólo es un simple tropiezo burocrático, es un terremoto que ha fracturado la supuesta “austeridad republicana” y la premisa de combatir la corrupción, barriendo las escaleras de la casa “de arriba para abajo”.

En medio de filtraciones de reformas fallidas, contratos de papelería inflados y videos familiares paseando por el lujo francés, los Taddei se tomaron muy enserio eso de que París bien vale una misa. La tragedia para la democracia mexicana es mayúscula. Ver al chofer de la presidencia del INE convertido en un próspero apoderado legal de empresas que ganaban licitaciones millonarias es un giro en la trama que nos devuelve al más puro estilo del partido hegemónico de la revolución, la forma elegante que encontramos los historiadores para definir al PRI. Al más puro estilo priista, el “Club Taddei” operaba con una impunidad escandalosa, tejiendo una red que simulaba competencia mientras facturaba millones de pesos a su favor. A la renuncia de Taddei se sumaron diecinueve altos mandos técnicos del INE, lo que nos advierte que se trata de una corrupción sistémica y generalizada. Ya no se trata ahora de barrer la casa, sino de evitar que se venga abajo. Por ello, la mismísima presidenta de la República ha solicitado se investigué el hecho y se castigue a los responsables: “Taddei traicionó la confianza del pueblo”, dijo Claudia Sheinbaum en una de sus recientes mañaneras.

Pero la tragedia no termina ahí, salpica de lodo a una ya polémica elección de jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial. Aquí es donde debemos poner nuestra atención. Con su “democratización”, se pretendía inaugurar una nueva era en la judicatura mexicana, libre de corrupción. Lo irónico es que, en este momento, el organismo encargado de llevar a cabo este proceso se encuentra bajo investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera que ya ha bloqueado preventivamente las cuentas de al menos siete empresas proveedoras del INE.

Nos dijeron hasta el cansancio que la reforma pretendía erradicar al “régimen de corrupción y privilegios del período neoliberal” y lo empeoraron. El vicio es de origen. Pensemos que quien organizó y organizará la elección de jueces “inmaculados” por el voto popular, utilizó empresas contratistas a modo, quienes incluso recibieron condonaciones hasta de 99.4% en penalizaciones técnicas a pesar de haber incumplido los plazos de entrega. Se quiso purificar los altares de la justicia recurriendo a curas idolatras del pasado neoliberal.

Una última observación. El video en París, con el retrato de Eugenia de Montijo al fondo, es la metáfora perfecta de la decadencia institucional. Qué ironía tan fina: mientras en México el INE se desmoronaba entre contratos simulados y complicidades de choferes, el linaje Taddei se refugiaba en la estética de una emperatriz célebre por su frivolidad y su trágico destino de exilio. Esa pintura no era un simple decorado, sino el espejo de una burocracia con delirios de grandeza monárquica pagada con el erario. Al final, el lujo europeo desnudó la miseria moral de un INE corrupto que dejó a la elección judicial venidera en la total incertidumbre y entredicho.

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