La señora Guadalupe Taddei ha dejado el INE instaurando una nueva marca de resistencia cínica y desvergonzada protección de Morena, el partido que la colocó en el cargo para que avalara la violación de la Constitución y así “alcanzar” junto con sus aliados 75% de las curules en la Cámara de Diputados, a pesar de haber obtenido en las urnas sólo 54% del voto ciudadano.
Fiel empleada de Morena, este “movimiento” le otorgó desde un principio todo el poder para nombrar de forma discrecional a un conjunto de funcionarios del INE sin el aval del Consejo General, acabando de esta forma con los mecanismos colegiados de toma de decisiones en este organismo.
Pero ya desde antes de su llegada al INE, en marzo de 2023, la perseguían diversos cuestionamientos por la presencia de sus hijos, sobrinos y primos en distintas posiciones dentro de la administración pública. Desde entonces su apellido era ya sinónimo, al menos, de influyentismo y conflictos de interés.
Los Taddei no eran, no son, una familia de tantas. Qué va. Actúan como una pandilla que se ha colocado en puestos clave para seguir reproduciendo sus cotos de poder, canonjías y privilegios.
Ya como presidenta del INE, toda su gestión estuvo bajo la sombra de la opacidad y la corrupción. Sin embargo, en las últimas semanas vino un aluvión de escándalos donde salieron a relucir sus vínculos y los de su círculo de confianza (choferes incluidos) con empresas proveedoras del INE que han hecho negocios simplemente multimillonarios. ¿De qué calibre serán los beneficios de sus contratistas (socios) que uno de ellos se llevó de paseo a su hijo para poner el París más lujoso a sus pies?
Taddei se va del INE pero deja tras de sí una estela de irregularidades y corruptelas, así como todo un clan de funcionarios no al servicio de la institución sino de sus intereses propios y de la señora que dedicó más de tres décadas de su vida “al servicio de la democracia mexicana”, como dijo muy oronda en su carta de renuncia al cargo.
Sus servicios prestados a Morena –en especial para violar flagrantemente la ley y darle una sobrerrepresentación a este partido que le ha permitido reformar la Constitución a su antojo– son ampliamente reconocidos por la propia presidenta Sheinbaum, quien se ha limitado a señalar que se investigará, aunque sabe perfectamente que Taddei quedará en la impunidad pues conoce todos los secretos del golpe asestado al orden constitucional para que su partido obtuviera artificial e ilegalmente la mayoría calificada.
La renuncia de Taddei le parece “una buena decisión” a Sheinbaum, si bien no deja de protegerla victimizándola e intentando, patéticamente, desviar la atención ni más ni menos que hacia su antecesor, Lorenzo Córdova, pidiendo a la Auditoría Superior de la Federación revisar los contratos de su época como presidente del INE.
Pero es inútil. Taddei representa y simboliza cabalmente al poder morenista. La presidenta puede intentar mirar otra vez hacia el pasado para distraernos, pero es un recurso muy desgastado.
Entiéndase: el caso Taddei no es la excepción, sino la regla de un régimen cleptócrata y autoritario.
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