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Morena contra los memes

Encuentro un viejo chiste sobre Stalin: está el “padrecito” en un receso de la Conferencia de Yalta departiendo alegremente con Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. La conversación gira en torno de sus pasatiempos favoritos. Churchill comenta: “Yo colecciono los chistes que mis ciudadanos hacen sobre mí. Ya tengo dos cuadernos llenos”. Stalin ríe, fuma su pipa y confiesa: “¡Qué coincidencia, camarada! Yo también colecciono los chistes que mi pueblo hace sobre mí... ¡y ya tengo tres campos de concentración llenos!”.

En la época de Stalin los chistes políticos eran considerados “agitación antisoviética”. El Código Penal establecía que un “chistecito” podía costarle a quien lo contara por lo menos 10 años de trabajos forzados en el Gulag. Por supuesto, a pesar de la ley abundaban los chistes sobre el tirano, el fracaso del sistema o la ausencia de libertades; y se contaban todo el tiempo y corrían como pólvora de boca en boca sin importar los peligros que esto suponía. Al final, la prohibición hacía que mucha más gente quisiera sentir el placer de contar un chiste como un acto de rebeldía.

Me he enterado que nuestros pequeños y muy inspirados comisarios de Morena en el Congreso, están promoviendo una iniciativa para prohibir, si no  todos los memes que circulan redes sociales, sí al menos aquellos que según ellos alteren imágenes o contenidos con inteligencia artificial o afecten –todo según ellos– los  derechos de autor. Se entiende que estos vendrían a ser la mayoría y, curiosamente, los que más les han dolido en los últimos tiempos.

Antes de obtener el poder Morena veía con muy buenos ojos el uso y abuso de las redes sociales (que llegaron a ser calificadas como “benditas” por su pastor), pero ya que la luna de miel con estas ha quedado muy atrás, y desde el poder absoluto que ostentan, ya no les hace gracia que alguien use las imágenes de la mañanera para burlarse de la señora presidenta o de cualquier otro funcionario.

De ahí que, como explica certeramente Miguel Ángel Romero (Ovaciones, 22-IX-26), ahora Morena “impulsa una reforma que aumenta la responsabilidad de los intermediarios digitales y extiende a los proveedores de acceso a internet una política de terminación del servicio por reincidencia en infracciones a derechos de autor [..] La iniciativa añade consecuencias para determinados intermediarios que incumplan sus obligaciones y participen en la infracción o se beneficien de ella”.

Puestos a defender los “derechos de autor” (censurando los memes que los ofendan), nuestros comisarios no tendrían –añade Romero–, que “precisar quién acredita la reincidencia, mediante qué procedimiento y con qué garantías puede impugnarse una decisión que afecte el acceso a internet”.

De cara a un proceso electoral que no les va a resultar un día de campo, los morenistas buscan evitar convertirse en blanco de un sinnúmero de memes que los retratarán, cómicamente, en toda su bajeza y estulticia. Pero va a ser inútil.

Es muy probable que ni siquiera todos los morenistas apoyen esta inicitativa o que el rechazo ciudadano y de los partidos de oposición termine por dejar en el ridículo a sus impulsores, pero es un hecho que el ingenio nacional, que ya ha hecho mella en la farsa izquierdista que representa Morena, sus corruptelas y su complicidad con el crimen organizado, no se va a detener con nuevas formas de censura.

Pero el intento de criminalizar la sátira en las redes sociales los pinta de cuerpo entero: se saben vulnerables en toda su estupidez, ignorancia y politiquería de malandros. Seguramente van a seguir haciendo mucho daño al país, pero es seguro que no podrán evitar hacernos reír a carcajadas y a sus costillas. Ni siquiera Stalin pudo.

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