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Taddei: el código de la impunidad

La ley del botín. La prédica mañanera de López Obrador sigue siendo ley incluso para la presidenta, que la invoca con frecuencia. Para esa prédica-ley violar, trastocar y distorsionar las normas y las instituciones de la república es irrelevante. O podría ser benéfica, si esas conductas sirven a la consolidación y la reproducción del régimen. El gobernador Rocha y su (aquí impune) alianza electoral con el narco es un ejemplo emblemático, pero hay otros. A partir de su premisa esta ley de AMLO descalifica toda denuncia de esos comportamientos como propaganda de conservadores, neoliberales y derechistas enemigos de su régimen. Y, así, mientras la corrupción no rebose las instituciones en este Estado mexicano maltrecho por los excesos autocráticos y la incompetencia de una burocracia que tomó los puestos como botín de guerra o asalto en despoblado.

Licencia para abusar. La -hasta ayer- presidenta del órgano electoral tuvo motivos para sentirse a salvo con la vigencia de este código. Más de tres años de obediencia a órdenes de aplastar oposiciones la hacían acreedora, en sus cálculos, de una licencia para abusar, en la impunidad, en beneficio personal y de sus allegados.

La caída. En 2023, Taddei aprendió la primera lección del modelo de López Obrador: concentrar (a la mala y a la brevedad) todos los poderes de decisión para integrarlos en uno solo, el suyo. En 2024 se lo concedió el régimen con una reforma de sus supermayorías legislativas que le dio a Taddei un poder absoluto para regir el INE. Fue el fin de la colegiación de las decisiones. Quedó como jefa única para poder cumplir las órdenes superiores sin remilgos legales. Y para cobrarse esos servicios con otra serie de abusos en beneficio propio. Pero, al parecer, Guadalupe Taddei sólo leyó esta primera lección. Le faltó. De allí su caída. Mañana veremos.

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