¿Seguimos esperando o ya empezamos? En curso ya del tercer año del actual sexenio, todavía es tema de conversación y debate si continuamos a la espera de que la presidenta asuma plenamente sus atribuciones, trace su propia ruta y empiece a corregir las mayores aberraciones heredadas del sexenio anterior. O si la presidenta ya da pasos en ese sentido. Todavía el miércoles, Macario Schettino se refirió a las columnas de principios de semana de Salvador Camarena y Carlos Loret, con sus respectivos recuentos de algunos cambios y correctivos que la presidenta se ha visto obligada a emprender para al menos detener el deterioro. O, más complicado, si fueran cambios para remontar el río ocho años atrás, antes del inicio de la destrucción. Y aquí, el propio Macario expresa sus dudas de que algo se logre porque el Estado, dice, ha perdido prácticamente toda su capacidad.
Esperar en vano. Desde el título, ‘Esperando el ajuste’, la columna de Macario parece ubicarnos en el centro del teatro del absurdo, con el guiño a Esperando a Godot. Una espera en vano en la obra de Beckett, quien además nunca nos revela quien es Godot y, por tanto, tampoco sabríamos ahora qué esperamos o qué esperar de un giro de este régimen.
De tempestades y naufragios. Pero hay otra posibilidad. Prolífico escritor de novelas de consumo popular, con el nombre de Hugo Wast, fue a la vez, con el nombre de Gustavo Martínez Zuviría, un político argentino conservador, católico ultra, antisemita y anticomunista. Activo en su país, entre golpes militares y otras turbulencias, hasta pasada la primera mitad del siglo pasado, escribió hacia finales de la Segunda Guerra Mundial una novela muy leída en la década de 1950, Esperar contra toda esperanza. El detalle estaría en que pertenece al género de tempestades y naufragios.
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