Es tal la acumulación de problemas y agravios sin resolver, que por el flanco menos pensado puede brotar la chispa que encienda la reseca pradera nacional.
Al personal del IMSS le van a dar 4% de aumento salarial, contra el 13 por ciento que aumentó el salario mínimo.
Se castiga la preparación y el trabajo abnegado de quienes, en ocasiones, deben comprar de su bolsillo el material para curar a los pacientes.
Encima del agravio, la ofensa. El subsecretario Clark acusó al personal de los hospitales públicos de robarse las medicinas y decir a los pacientes: aquí no tenemos, pero te las vendemos afuera.
Los trabajadores de la salud han sido maltratados, ninguneados y agredidos desde el sexenio anterior hasta hoy.
Vamos a elecciones federales inequitativas y con el árbitro bañado en desprestigio, cuya libertad depende de que se porte bien con el gobierno.
La permanencia de Guadalupe Taddei al frente del INE es una prueba más de que Morena no va a entregar el poder si pierde en elecciones.
En cualquier distrito del país, robado a la oposición, puede estar la mecha que incendie la pradera.
Si de nueva cuenta el INE le regala a la coalición gobernante una sobrerrepresentación de 20 puntos en la Cámara de Diputados, la respuesta tal vez sea diferente a la de 2024.
Había una oposición noqueada, la ciudadanía exhausta y un grupo gobernante compacto con un liderazgo fuerte.
Eso ya cambió. El enojo apenas empieza.
Ya no hay dinero para que el gobierno invierta en sus tareas básicas. López Obrador comprometió el presupuesto del actual sexenio en obras tan costosas como innecesarias.
Y a la presidenta Sheinbaum no le desagrada esa ruta que conduce al colapso. En su reciente informe mostró como un gran logro que 42 millones 800 mil personas ya reciben los beneficios de los Programas del Bienestar.
Muy bien, si hubiera crecimiento económico sostenido, pero no lo hay.
El reparto de dinero, que ha funcionado como compra de voto, se financia con deuda. Deuda que hay que pagar, y así el presupuesto se estrecha cada vez más.
Inventan nuevos impuestos, que dicen que no son impuestos.
Las empresas no están invirtiendo por falta de seguridades, por las alzas salariales y cargas fiscales.
Cada día aparece un nuevo escándalo de corrupción. Uno más ofensivo que el otro.
Los productores deben pagar cuotas a grupos criminales para sacar sus productos al mercado. Otros pagan para poder construir, para vender, para trabajar.
La carretera Toluca-México fue tomada por más de 24 horas por familiares de desaparecidos en el Estado de México.
Piden lo elemental: que la fiscalía del estado que gobierna Delfina Gómez informe sobre cada uno de los expedientes (cada carpeta es una persona) de los desaparecidos.
No hay respuesta satisfactoria.
En Guerrero, el cártel de la Familia Michoacana secuestró a un centenar de hombres y mujeres por casi un mes.
Gobernadores en los estados colaboran con los narcotraficantes, les brindan protección, les dan cargos públicos para robar el dinero de la gente.
El país entero oyó a la gobernadora de Baja California buscar acuerdos con el FBI para salvar su situación personal a cambio de dar información sensible del estado.
Mientras las carencias se notan en los servicios públicos, la población observa las rumbosas francachelas de los morenistas y sus amigos favorecidos con contratos multimillonarios.
¿No pasa nada?
Claro que pasa, y mucho.
No sabemos de dónde saldrá la chispa, habiendo tantos frentes abiertos.
Pero la aventura depredadora del morenismo no tendrá un final feliz. No hay manera.
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