En las últimas semanas, las muertes de recién nacidos en unidades de cuidados neonatales de hospitales del IMSS en distintas ciudades, sumadas a las múltiples manifestaciones de trabajadores de la salud cuya queja central es la falta de insumos, medicamentos y material médico, han puesto al descubierto lo que se advertía desde hace años: el sistema de salud en nuestro país atraviesa una severa crisis que amenaza con profundizarse. Las causas de este deterioro son bien conocidas; lo urgente ahora es plantear soluciones reales, ajenas al cálculo político y al populismo, mediante programas estratégicos que eviten la catástrofe que se avecina si continuamos por el mismo rumbo.
A continuación, planteo cinco propuestas concretas para transformar el sistema de salud en México:
- Aumentar el gasto público e inversión en salud. México destina apenas entre 2.5% y 3% del PIB al gasto público en salud, una cifra distante del 6% recomendado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) e inferior al promedio de los países de la OCDE. Esta insuficiencia financiera se traduce directamente en desabasto de medicamentos, infraestructura deficiente y escasez de personal capacitado. Aumentar de forma sostenida y transparente la inversión en salud no representa un gasto, sino la decisión estratégica más urgente para la productividad y el bienestar del país.
- Reestructurar la atención primaria mediante la integración del sector privado y farmacias. El primer nivel de atención se encuentra sobrepasado. Mientras tanto, los consultorios adyacentes a farmacias (CAF) y el sector privado de bajo costo absorben millones de consultas de primer contacto. En lugar de ignorar o descalificar esta realidad, el Estado debe articular e integrar estos esfuerzos:
- Crear guías clínicas estandarizadas de prevención y control para enfermedades crónico-degenerativas (diabetes, hipertensión, dislipidemias y obesidad).
- Capacitar y vincular a los médicos del sector privado y de farmacia en programas de detección oportuna y referencia ágil hacia el segundo nivel.
- Generar incentivos atractivos para que los médicos recién egresados se interesen en la medicina de primer contacto.
- Implementar programas de salud laboral e incentivos a la prevención. La medicina preventiva debe impulsarse en los entornos cotidianos. Una estrategia efectiva exige alianzas entre el sector público y el sector empresarial:
- Diseñar programas corporativos de bienestar que reconozcan e incentiven a los trabajadores que alcancen y mantengan metas tangibles en control de peso, presión arterial, glucosa y lípidos.
- Ofrecer estímulos fiscales a las empresas con programas de salud eficientes en sus plantillas laborales. Esto beneficia la productividad empresarial al preservar la salud de los colaboradores y reduce significativamente la carga futura sobre el sistema hospitalario nacional.
- Establecer esquemas de colaboración público-privada transparentes. La polarización entre el sector público y el privado ha terminado por perjudicar al paciente. Es indispensable tender puentes institucionales mediante:
- La subrogación de servicios de alta especialidad, estudios de diagnóstico e intervenciones quirúrgicas complejas para abatir las listas de espera en las instituciones públicas.
- Modelos de compra consolidada, logística compartida e intercambio de servicios bajo métricas rigurosas de efectividad y transparencia, asegurando que el paciente reciba atención oportuna independientemente de su esquema de afiliación.
- Descentralizar la gestión y despolitizar la salud. La centralización burocrática ha demostrado ser ineficiente para responder a las realidades epidemiológicas de las distintas regiones del país. Es indispensable devolver autonomía técnica, operativa y financiera a las entidades federativas, con el respaldo de órganos reguladores independientes e interdisciplinarios. La política sanitaria debe guiarse por evidencia científica y criterios epidemiológicos, no por coyunturas electorales ni restricciones presupuestales ideologizadas. Resulta idóneo constituir un Consejo Nacional de Salud técnico e independiente, que evite la concentración de decisiones en una sola figura política y garantice que las acciones respondan al bienestar ciudadano y no a consignas de gobierno.
El modelo de salud actual, carece del presupuesto necesario, está más enfocado en inaugurar clínicas y hospitales que en atender la necesidad básica la medicina preventiva. Si no entendemos que esto requiere de la participación de todos, incluyendo a la medicina privada y a las empresas estaremos destinados a tener un colapso trágico en los próximos años. Ya basta de ocurrencias.
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