Si me hubieran enviado este argumento como novela, lo habría devuelto por inverosímil. Un empresario tabasqueño, amigo de infancia de los hijos del presidente, comprando el pan junto a un lago suizo. Un hermano que, según un audio, conoce a quien hay que conocer para que cesen las extorsiones. Una empresa de diésel con semanas de vida y un permiso firmado tres días antes de acabar el sexenio. Y un expresidente que reaparece con un libro para explicarnos que ya no manda. Demasiadas casualidades, diría el editor.
Lástima. No es ficción. Es la crónica de esta semana.
Empecemos por el libro. Se llama Pueblo, repasa doscientos años de historia política y parece escribirse solo, a un ritmo que envidiaría una imprenta. Su autor jura estar jubilado, pero publica con la regularidad de quien cobra por entrega. Dijo que no es cacique ni poder detrás del trono y pidió a los funcionarios que no roben. Quien de verdad se retira no necesita micrófono. Y en doscientos años de historia no cupo una línea sobre el amigo de sus hijos.
Ese amigo es Amílcar Olán quien se encuentra siendo investigado por la UIF debido a su cuenta en UBS con setenta y dos millones de euros, y habría declarado ingresos anuales de 17.9 millones de pesos para su residencia suiza. Los números no cuadran, pero, sin duda, la vida en Lugano se ve cara.
El secretario de Hacienda dijo ante el Senado que no hay investigación abierta. Sin embargo, las investigaciones sostoene lo contrario. Uno de los dos se equivoca, y la ciudadanía ya sabe a quién le conviene.
Los analistas no se andan con rodeos y son claros en sus palabras. Leo Zuckermann recuerda que el capitalismo de cuates es vieja constante mexicana, y que aquí tiene apellido. Raymundo Riva Palacio sostiene que a Olán nunca se le persiguió para no incomodar al expresidente. Y Mexicanos Contra la Corrupción documentó que Portacelis, con 52 días de vida, recibió permiso para importar 52 millones de litros de diésel, administrada por el contador de confianza de Olán. Nadie dice que sea casualidad. Tampoco que no lo sea.
Y, para derezar todo esta escena barroca y drotesca, cae el Tanque. Iván Cazarín, presunto jefe de plaza del CJNG en Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Puebla, fue detenido el 5 de octubre. Latinus difundió un audio de 2023 en que Luis Alberto Olán, hermano de Amílcar, presume: “Yo conozco a El Tanque aquí, al de la maña”. Con eso, según el audio, cesaron las extorsiones a proveedores del balasto del Tren Maya. Los trenes del pueblo también tenían peajes. Nadie ha sido sentenciado, conviene repetirlo.
Tampoco es la primera vez que el narco asoma por la ventana de este movimiento. Nueva York acusó en abril al gobernador morenista Rubén Rocha Moya de prometer protección a Los Chapitos; Morena primero cerró filas y luego se distanció. Adán Augusto dejó la coordinación del Senado cuando su exsecretario de Seguridad apareció ligado al crimen organizado. Se habla de medio centenar de oficialistas sin visa. Los señalados lo niegan. No son todos iguales ni todos culpables, pero la repetición es pedagógica.
Mientras tanto, padres de niños con cáncer anunciaron una denuncia contra Andy y Olán por el desabasto de medicinas. Los acusados niegan o no han respondido. Pero ellos no tienen cuenta en Suiza, ni libro, ni micrófono. Tienen quimioterapias pendientes.
Dicen que el pueblo es sabio. Ojalá. Porque en esta historia el último capítulo no lo escribe el autor, sino los fiscales, y ahí no hay prólogo ni prisa que valga.
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