La percepción global positiva sobre China (46%) por primera vez superó a la de Estados Unidos (36%), según datos del Pew Research Center, basados en encuestas realizadas en 36 países.
La mala percepción de Estados Unidos puede deberse a que ha abandonado el orden global liberal en favor de un modelo mercantilista agresivo, imponiendo su voluntad mediante la coerción económica o la fuerza militar.
Una nueva administración estadounidense podría recuperar el poder blando que tenía, como el de la cultura y de los valores democráticos.
A pesar de la mejora en su percepción global, China sigue siendo considerada un depredador económico no solo en Estados Unidos, sino también en Europa.
En Estados Unidos, la pérdida de empleos y la salida de inversiones hacia China fueron los principales factores del surgimiento del populismo que llevó a Donald Trump al poder.
El libre comercio se convirtió en un demonio para muchos estadounidenses, hasta el punto de que, en su campaña presidencial, Hillary Clinton declaró que no aceptaría el CPTPP que Barack Obama había negociado.
Joe Biden nunca intentó un nuevo acuerdo comercial más allá del Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF, por sus siglas en inglés), que no es un acuerdo de libre comercio.
Francia y Alemania están liderando un movimiento en Europa para frenar la embestida exportadora de China, que, de no hacerse, podría tener repercusiones en el fortalecimiento de la extrema derecha en ambos países y en el futuro del bloque económico por la pérdida de empleos en sectores sensibles.
Entre los sectores amenazados en Europa por las importaciones de China, además del automotriz, se encuentran la maquinaria, el farmacéutico, el químico y el aeroespacial.
La Comisión Europea, al igual que muchos otros observadores, atribuye el desequilibrio con China a una moneda china subvaluada y a una sobrecapacidad estructural impulsada por subsidios estatales masivos y créditos baratos, lo que genera una pérdida de empleos.
Beijing sostiene que el aumento de las exportaciones a Europa responde a la creciente demanda europea de tecnologías limpias necesarias para combatir el cambio climático y compensar la pérdida de gas y petróleo rusos baratos provocada por la invasión rusa de Ucrania.
La historia reciente nos muestra que el libre comercio solo se sostiene a mediano y largo plazo si se minimizan los perdedores del proceso o se les compensa de alguna manera, pues de lo contrario se volverán en su contra.
La Unión Europea implementó en octubre de 2024 derechos compensatorios de hasta el 45 % sobre los automóviles eléctricos procedentes de China. Los fabricantes chinos BYD, Geely y SAIC pivotaron hacia los híbridos y enchufables, elevando sus envíos mensuales a cerca de 50 mil unidades a mediados de 2026.
La UE solicitó a Pekín que impusiera un límite voluntario a sus exportaciones de híbridos (15% de la cuota de mercado europea), pero el gobierno chino rechazó la propuesta.
Ante la negativa, Bruselas evalúa aplicar cuotas de importación y aranceles punitivos mediante un mecanismo de emergencia. El anuncio ha impulsado las acciones de los fabricantes tradicionales de automóviles europeos.
La UE presiona para que el Reino Unido imponga aranceles a los vehículos chinos; a riesgo de quedar excluido de las cadenas de suministro europeas. La iniciativa Macron-Merz ("Kill Switch") busca crear un mecanismo para cortar de inmediato el acceso al mercado ante distorsiones severas
En una declaración ministerial conjunta de miembros del G20 en Milwaukee, 16 ministros del comercio (incluidos EE. UU., Alemania, Francia, México, Japón, Corea del Sur y la UE) manifestaron preocupación por la sobrecapacidad estructural de China. Solo los BRICS se opusieron a dicha declaración.
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