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El ocaso del orden liberal occidental

Existe una crisis del orden liberal en Europa no solo por las amenazas externas representadas por China (invasión comercial), Rusia (invasión militar e ideológica) o Estados Unidos (abandono de la seguridad).

Desde su interior, la crisis europea se refleja en las manifestaciones en Francia, Bélgica, Italia y Grecia (más los países que se sumen), que exigen mejoras en el nivel de vida y en las condiciones educativas.

Europa enfrenta una crisis existencial en medio de los disturbios sociales internos, la asfixia fiscal y el ascenso de fuerzas nacionalistas y euroescépticas de extrema derecha.

La Unión Europea enfrenta una crisis financiera creciente debido al aumento de la deuda pública, que en la eurozona alcanzó el 88,8% del PIB.

El epicentro de la inestabilidad se concentra en Francia, donde se han registrado graves disturbios estudiantiles por las lamentables condiciones de su infraestructura educativa y la imposibilidad de implementar mejoras debido a su enorme deuda soberana.

La crisis presupuestaria en Europa limita la capacidad de respuesta de sus gobiernos.

No es posible destinar recursos masivos al rearme frente a Rusia ni sostener a Ucrania cuando se enfrenta a un descontento social generalizado por el costo de vida y el deterioro de la infraestructura.

Paralelamente, democracias federales como Canadá reflejan fracturas en materia migratoria y de identidad nacional, como lo evidenció el referéndum en Alberta.

La migración es un asunto que puede resquebrajar la estabilidad política y la cohesión de las democracias occidentales.

Las crecientes importaciones procedentes de China obligan a Europa a imponer salvaguardias a las importaciones de vehículos eléctricos y de otros productos.

La desindustrialización y el desempleo generan gran descontento y fortalecen a los extremos.

Ante la falta de una estrategia que aborde la migración y las importaciones, o que resuelva los problemas presupuestarios, la extrema derecha asedia a los países que han sido el eje de la cohesión en Europa, como Francia y Alemania.

Estados Unidos ha buscado socavar a la Unión Europea, lo cual se refleja en las diversas acciones y declaraciones de JD Vance y de Elon Musk (accionista mayoritario del gobierno de Donald Trump).

La guerra en Ucrania atraviesa un punto de inflexión debido al cambio de postura de la administración de Donald Trump, que optó por levantar las sanciones energéticas y financieras contra Rusia y restringir el apoyo tecnológico a Ucrania, como los servicios satelitales militares y de seguridad.

La supuesta intención de reducir los precios de los energéticos antes de las elecciones de mitad de término en Estados Unidos dejó a Kiev expuesta a la intensificación del terror aéreo ruso y a la presión financiera.

Estados Unidos obliga indirectamente a Ucrania a aceptar condiciones favorables a Rusia para lograr la paz, en medio de una crisis política y presupuestaria en Europa.

La caída de Ucrania sería el resultado del abandono de Estados Unidos y de la incapacidad de Europa paradefenderla.

La caída de Ucrania supondría una enorme derrota para Europa y la OTAN y derivaría en un posible conflicto militar con Rusia en los próximos años, que busca recuperar el terreno perdido al final de la Guerra Fría.

Destinar recursos para minimizar la polarización interna implica descuidar el frente ruso.

El escenario global dibuja un panorama sombrío para la arquitectura de seguridad y de cooperación internacional construida tras la posguerra.

En las dos guerras mundiales del siglo XX, Estados Unidos intervino para inclinar la balanza a favor de las democracias como Francia y el Reino Unido.

Un triunfo de los demócratas en las elecciones intermedias de Estados Unidos podría alterar la balanza. Un gobierno demócrata estadounidense podría evitar el ocaso del orden global liberal.

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