Nervios. Dentro de las próximas horas se harán públicos los resultados de la evaluación educativa más importante del planeta. El régimen mexicano había decidido rehuir la prueba PISA, porque la contrarreforma educativa de López Obrador había arrojado al país en 2022, al lugar 35 de 37 miembros de la la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A última hora decidió ser evaluado para evitar que México quedara excluido de la organización. Pero el nerviosismo cunde de la SEP a Palacio.
Poco margen para empeorar. Nada bueno se puede esperar hoy. Quizás por eso la SEP organiza distractores para silenciar las previsibles malas noticias de París (sede del organismo). Y quizás también se disponga el gobierno -como suele hacerlo- a descalificar la prueba por ‘neoliberal’, si PISA confirma que persisten los problemas de aprendizaje de los educandos mexicanos. O si se agravan. Aunque, bien visto, tan cerca del fondo, queda poco margen para empeorar.
Última oportunidad. En comparación con la prueba de 2018 -último año de la reforma educativa de Peña Nieto-, el puntaje de México cayó en 2022 (cuarto de la contrarreforma de AMLO): matemáticas, 14 puntos; 9 en ciencias y 5 en comprensión lectora. De hecho, los resultados que ahora se darán a conocer corresponden a la prueba de 2025, es decir serán la herencia de López Obrador. Y esto le da a la presidenta Sheinbaum su última oportunidad para enderezar la nave de la educación.
AMLO y Marx. De hecho, en su segundo informe, la presidenta se adelantó parcialmente a los probables resultados de hoy, con el anuncio de nuevos libros de texto, precisamente en matemáticas y lectoescritura, dos de las asignaturas críticas de nuestro país, ignoradas por los textos de la contrarreforma de AMLO y Marx Arriaga, y su mal llamada ‘nueva escuela mexicana’.
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