Lo más noticioso: un partido invencible. El mensaje de acompañamiento al Segundo Informe da la presidenta Sheinbaum poco tuvo que ver con el texto escrito que debió enviar ayer al Congreso, en el que debió manifestar -ordena la Constitución- “el estado general que guarda la administración pública del país”. Más bien pareció establecer el estado que guarda -para ella- la próxima elección o las próximas elecciones de la presente década. Allí, quizás, estuvo lo más noticioso del documento. Por un lado, pareció jactarse de haber incrementado la base clientelar-electoral del régimen y su partido. Ello lo haría invencible al pasar de 40 millones de beneficiarios del reparto de dinero en los llamados ‘programas sociales’. Claro, dicho con frases reivindicatorias de los derechos de los olvidados por los neoliberales.
Desafío a la esfera pública. Por otro lado, desafió los cálculos de la esfera pública en el sentido de un debilitamiento del grupo en el poder por sus divisiones internas, a propósito de los deslindes recientes de la presidenta con los allegados de López Obrador, involucrados con el mundo del crimen organizado. “Que nadie se equivoque –desafió— aquí no hay divisiones; aquí no hay rompimientos”.
Encuadres adversos. Por lo demás, el informe fue una catarata de cifras inverificables y de frases hechas en el anterior sexenio, puestas en interdicho por las noticias del día. Por ejemplo, la soberanía energética quedó enmarcada en un megaapagón que oscureció cuatro estados del sureste. La presumida seguridad pública tuvo como telón de fondo las llamas de otro coche-bomba. La lluvia de becas como garantía de expansión del servicio educativo, quedó al lado del registro de medio millón de alumnos menos en educación básica, quizás la primera pérdida de cobertura educativa desde la creación de la SEP, en la década de 1920 del siglo pasado.
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