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Información para decidir con libertad

Solo lo pensé

Esta semana vi en algunos medios nacionales que un grupo de ciudadanos de Morelia se ha estado manifestando para evitar la tala de más de 600 árboles amenazados por las obras del “Morebús”. También vi que con consignas, pancartas y amarrándose a los troncos, lograron frenar momentáneamente los trabajos y exigir que la autoridad les diera explicaciones sobre el impacto ambiental del proyecto.

Mi yo ambientalista se puso feliz, de manera que decidí dedicar mi colaboración en La Aurora para rendirles un tributo encendido a esos ciudadanos y llamar a los lectores a imitar su ejemplo, concluyendo que esa es la clase de compromiso que requerimos para construir un país del que podamos sentirnos orgullosos.

Solo que, mientras escribía, pensé que era obligado ir al sitio de las obras. En una de esas —pensé— me topo con los manifestantes, los felicito en persona y me les sumo…

Pero me temo que solo lo pensé, porque ni fui, ni los felicité, ni sé en qué paró el lío (solo vi que el gobierno estatal está trasplantando menos árboles de los previstos inicialmente). Y no lo sé porque entre llamadas, reuniones, entregas y otras muchas tareas, sinceramente, no he tenido tiempo.

Todo esto me hizo notar que el texto que pensaba escribir me haría incurrir en una contradicción brutal: he escrito en este espacio que cambiar nuestro país no debe ser labor de supermanes ni de mártires, sino de ciudadanos comunes y corrientes. Personas con llamadas, reuniones, hijos, entregas, exámenes o qué sé yo, que no nos permiten irnos a plantar —nunca mejor dicho— a un crucero a protestar por la tala de árboles.

Ojo: no le resto mérito a los héroes que defienden los árboles; tienen toda mi admiración, agradecimiento y respeto. Pero pensarme capaz de lograr a través de este espacio que más ciudadanos los imiten sería un sueño guajiro y una ingenuidad digna de que no me vuelvas a leer jamás.

Todo esto me llevó a pensar que, si visualizamos la participación como un espectro, en un extremo estarían los ambientalistas dispuestos a encarar a la autoridad y en el otro los apáticos a quienes parece darles lo mismo. Nuestro reto no es tratar que la mayoría se mueva al extremo del martirio, pero tampoco dejar que se pudra en la indiferencia. El reto es mover a la sociedad hacia un centro de acción razonable en el que hacer lo correcto no sea algo tan demandante que termine por generar incentivos para no hacer lo correcto.

No podemos depender de héroes con el tiempo y la determinación de amarrarse a un tronco; debemos construir un sistema de normas, prácticas, incentivos y valores compartidos que vuelva innecesario el sacrificio heroico.

Dicho de otro modo, la pregunta que nos convoque no debe ser cómo multiplicamos a los manifestantes, sino cómo diseñamos ese sistema en el que cuidar lo nuestro sea la opción por defecto. Te invito a que aprovechemos este espacio para pensarlo y construirlo juntos.

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