Los últimos acontecimientos generan nuevamente la ilusión de que hay una división abierta entre los deseos de quien despacha en Palacio Nacional, y los designios de quien lo hace desde las sombras en La chingada.
Ahora sí, se supone, la presidenta Sheinbaum habría dado un golpe sobre la mesa para desmontar la intentona de Rubén Rocha Moya de volver a sus funciones como gobernador de Sinaloa. En ese caso, Andrés Manuel López Obrador –el único personaje, a quien Rocha consultó sobre su fallida jugada–se estaría tratando de reponer del manotazo presidencial.
Sin embargo, esencialmente no hay tal cosa. En realidad, en las filas de Morena y en Palacio Nacional cada quién conoce su papel en esta trama y sigue siendo obvio que la figura central es solo una: “el mejor presidente de México”.
En medio de las adversidades impuestas a Morena por haber quedado al descubierto, nacional e internacionalmente, su complicidad con el crimen organizado y hasta el cogobierno con este en lugares como Sinaloa, hay que reconocer que su disciplina y obediencia han sido notables.
El asunto Rocha Moya fue la prueba de fuego. Un día, sin arredrarse, se pudo ver a los morenistas balando en el Congreso: “¡No estás solo, no estás solo!” Otro día, creyendo que no estaba solo, Rocha volvió al poder por unas horas, mientras sus compañeros de partido y la propia presidenta, que exigía pruebas a Estados Unidos para investigarlo, se deslindaban de su proceder, como si se mandara solo.
¿Se corrió en algún momento el riesgo de que el rebaño se dividiera? No me lo parece. Firmaron, declararon y levantaron la mano, según se les indicó, aquí y en Sinaloa, ciegamente, siguiendo el cencerro de la Presidencia, previo acuerdo de esta con quien ya sabemos.
Más allá del ridículo político que todo esto evidencia, la protección sobre los hombres clave en la asociación de Morena con los cárteles y otros grupos delincuenciales, sigue intacta. En México, el único político preso por huachicol es un opositor y un símbolo de la transición democrática.
Andy, Adán Augusto, Mario Delgado, et al., pueden seguir en paz mientras el acuerdo Sheinbaum-AMLO no se rompa. Y los costos para la presidenta obviamente se seguirán incrementando, pero ese es otro problema.
Cuentan que el 4 de julio de 1776 en el Segundo Congreso Continental de Filadelfia en el que se firmó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el presidente del Congreso, John Hancock, exhortó a los delegados participantes a no caer en divisiones y mucho menos fomentarlas.
Con el agudo ingenio que lo caracterizaba, Benjamin Franklin dijo: “Debemos, de hecho, mantenernos todos juntos, o con toda seguridad nos ahorcarán a todos por separado”.
Puedo suponer, sin temor a equivocarme, que la mayoría de la cúpula morenista en el poder desconocen esta expresión, pero la podrían hacer suya con temores muy parecidos.
Me perdonarán que traiga a cuento a los patriotas de EU para hablar de los delincuentes mexicanos, pero el caso es parecido si tomamos en cuenta que quien sigue mandando en las filas de Morena, sin conocer a Franklin y por pura animalidad política, lo tiene bien claro. Porque si un día se dividen no irán a la horca, pero sí a la prisión, aquí o en Estados Unidos.
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