El capitalismo castrista será como la democracia chavista: un producto a medias, una farsa a modo, pero afín a los intereses del gobierno de Donald Trump (o quizás, si lo vemos con más detalle, sólo a los intereses de él mismo y su entorno empresarial y financiero).
En ambos casos asistimos a una suerte de transición por edicto imperial que dista mucho de las expectativas económicas y políticas de los ciudadanos cubanos y venezolanos. Así, todo indica que Cuba y Venezuela se quedarán con lo peor de sus regímenes y adoptarán lo peor del “mundo libre” impuesto por el Departamento de Estado norteamericano.
Por lo que hace al tema económico el modelo es muy sencillo: capitalismo de compadres, familiares, camaradas de partido, cúpulas y élites criadas en el vocabulario “marxista leninista”, más los nuevos amigos de Wall Street que les llevará Trump, y a quienes hay que darles su parte, que previsiblemente será bastante jugosa.
Prevalecerán las ganancias fáciles, ilegales incluso, que siempre les han procurado sus puestos en el poder, pero en compañía ahora de nuevos socios bendecidos por Trump. La democracia puede esperar y, en el mejor de los casos, será simplemente una fantasía discursiva donde el pueblo brillará como nunca.
Ese es, cuando menos, el horizonte que está dibujando hasta el momento la política trumpista en Cuba y Venezuela. Las ilusiones de la oposición democrática en Miami o en España –estoy pensando en los cubanos exiliados y en Corina Machado y Edmundo González– no parece que se vayan a realizar. Tristemente el esquema de libertades, democracia y desarrollo que ofrece el departamento de Estado norteamericano es tan falso como el que Estados Unidos impulsaba en tiempos de John Foster Dulles: por un lado, rabioso discurso anticomunista, y por el otro, pragmatismo absoluto al momento de entenderse financieramente con los dictadores y autoritarios de la región.
Antes estos eran de derecha, pero la novedad es que Trump no parece tener ningún problema en entenderse con los herederos de Chávez o de Castro, con gente como Delcy o el nieto de fidel. Y ojo, esa misma lógica puede ser la que prospere frente al gobierno de Morena, señalado por la justicia de EU un día sí y otro también como cómplice del narcoterrorismo, pero quizá sólo para al final exonerarlo, todavía no sabemos a cambio de qué, porque las afinidades del populismo trumpista y lopezobradorista, contra lo que pudiera creerse, son muchas.
Recomendar Nota
