Cuando un gobierno tiene como carta de presentación internacional su desprestigio y las numerosas calamidades, y aun tragedias, que rodean su gestión, la diplomacia viene a ser una actividad que oscila entre la farsa y la insolvencia.
Penosamente ese es el caso del gobierno de Morena, que tras siete años de tumbos, tropiezos y enormes incongruencias amparadas en la “no intervención” más intervencionista de nuestra historia, se dispone ahora a confrontar jurídicamente a Estados Unidos por la muerte de los connacionales que han sido asesinados por los fascistoides agentes del ICE.
No podemos menos que estar de acuerdo, es de elemental justicia para las víctimas y sus familiares; pero no deja de llamar la atención la coyuntura en que por fin –luego de 17 mexicanos muertos– el gobierno decide hacerlo: cuando algunos de sus gobernadores no tienen visa y otro más, Rubén Rocha, es requerido por la justicia de Estados Unidos por diversos cargos relacionados con la narcopolítica, la cual, como se sabe, ha contaminado junto con el huachicol los más altos niveles del partido en el poder.
Eso se sabe en México y se sabe afuera. Pero además de esta mala reputación ganada a puro pulso, al gobierno de Morena lo persigue la corrupción, la incapacidad y la ineficacia. Convencidos, como lo dijo AMLO, que la lealtad está por encima de la experiencia (en un porcentaje abrumador), la misma semana en que un mexicano fue asesinado por el ICE en Houston, Texas, la cónsul mexicana, María Elena Orantes López, se hallaba vacacionando y celebrando su cumpleaños en Chiapas.
Así comenzó a concretarse el bonito discurso presidencial de que se pasaría de las notas diplomáticas a las acciones jurídicas… pero antes a la fiesta. Cómo no recordar que en un mensaje de sus redes sociales, Morena informaba el 15 de marzo de 2023: “Con 81 votos a favor, ratificamos a María Elena Orantes López como consulesa general de México en Houston, Texas, Estados Unidos de América. ¡Enhorabuena!”
Independientemente de que la cónsul del mes (un reconocimento que Morena debería instaurar) sea hoy más famosa por su ausencia que por su trabajo, espero que las demandas presentadas por la muerte de 17 migrantes mexicanos prosperen y puedan servir para evitar en el futuro más crímenes de “gatillo fácil” por parte del infame ICE.
Sin embargo, pedir “unidad”, por este o cualquier otro tema, es por lo menos un despropósito demagógico por parte de la presidenta Sheinbaum. Nunca ha recibido a nadie que perciba como opositor y menos aún ha llamado al diálogo ni al acuerdo sobre ningún tema. Conciliación, negociación, entendimiento, tolerancia, pluralidad o consenso, simplemente no figuran en su léxico político. ¿A cuento de qué, entonces, llama a la unidad, cuando su gobierno ha sido probadamente soberbio y gusta más bien de la imposición autoritaria y el mayoriteo?
Está muy bien que se acuerde de los muertos por el ICE y decida demandar en EU castigo a los culpables y compensación a las víctimas, pero no debería de olvidarse de los funcionarios de su gobierno que tienen cuentas pendientes con la justicia de allá y (si no estuviera en sus manos) la de acá. Debería saber que esto, en el mejor de los casos, sólo resta autoridad y fuerza al justo reclamo que por fin hace.
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