¿Atrapada o liberada? La activa intervención de la presidenta en la crisis de Sinaloa pareció mostrar que ha aprendido en carne propia la lección asimilada, a veces con sangre, por emperadores y reyes, presidentes autoritarios y presidentes democráticos: si no tomas el poder al que -como haya sido- accediste, el poder te toma a ti. Y quien sí toma para sí el poder que a ti te corresponde, y lo detenta, entonces te atrapa, te pone a su servicio, te hace moverte en su dirección y hablar con su lenguaje y sus ademanes. En fin, te hace comportar conforme a sus intereses y conveniencias. Hoy, como en otra circunstancia, la presidenta ha generado en analistas y observadores expectativas de liberación de la tutela de Palenque. Habrá que ver.
¿Poder propio? La desaparición de la escena pública (no necesariamente de las zonas sombreadas) de López Obrador, de Andy, de Adán Augusto y de otros que en estos dos años se ostentaron como factores de decisión del actual gobierno, podría estar mostrando además otro aprendizaje, lento, pero más vale tarde que nunca. Y es que está en la esencia de un presidente la construcción de su propio poder, como podría ser el apoyo de su partido, sus gobernadores y sus liderazgos parlamentarios, hasta ayer, ostensibles instrumentos de López Obrador, a la decisión presidencial de echar abajo el regreso de Rocha Moya al gobierno de Sinaloa.
Gripa bendita. Hay que señalar una asignatura pendiente a acreditar: una personalidad única, no una repetición ni una calca de las rutinas de otro. Y en este objetivo no encaja la palabrería mañanera, patentada por su antecesor. Sin credibilidad ni poder de convicción. Un fastidio. Esto no es un problema de forma, sino de sustancia. Bendita la gripa que liberó un día a protagonista y espectadores.
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