La “nueva etapa de colaboración” con Estados Unidos forzó un cambio de opinión del gobierno mexicano que atajó, por ahora, la rebelión de un gobernador ligado al narcotráfico que quiso volver al cargo cuando vio la hoja de la guillotina brillar sobre su cabeza.
Esta “nueva etapa de colaboración” se debe a dos factores. Uno, la creciente presión de las agencias estadounidenses sobre el círculo de delincuentes que rodea al expresidente Andrés Manuel López Obrador, responsable del tsunami de drogas sintéticas hacia Estados Unidos, con altos costos para la salud y el presupuesto de ese país.
Y dos, a la renegociación del Tratado de Libre Comercio que puede dar el tiro de gracia a la economía, al gobierno de Morena y a la gran mayoría de los mexicanos.
Enredados en sus mentiras, el gobierno y la dirigencia de Morena protagonizan un ridículo que pone al descubierto una lucha en la que participan la presidenta, López Obrador, los narcos y la DEA.
Nada está definido, salvo que, de no entregar a Rocha Moya a las autoridades estadounidenses, el equipo gobernante no encontrará paz hasta el último de sus días, como ocurrió con los vinculados al caso Kiki Camarena. Justos y pecadores.
Hace menos de tres meses (31 de mayo) la presidenta Claudia Sheinbaum dijo sobre el caso Rocha Moya, en un encendido discurso: “Hay que tenerlo claro, vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelvan el principal elector en México. Eso no lo vamos a permitir”.
Dos semanas antes: “No hay ninguna investigación en ese entorno (secuestro del Mayo y asesinato de Cuén) contra el gobernador con licencia de Sinaloa, de parte de la Fiscalía General de la República”.
El 1 de junio: “No hay pruebas suficientes (contra Rocha Moya)… La fiscalía le dice a Relaciones Exteriores: no hay pruebas suficientes… Si no hay pruebas, el gobierno dice: No”.
No hay espacio para poner aquí las citas de respaldo a Rocha de parte de los líderes parlamentarios de Morena y de la dirigente nacional del partido. “¡No estás solo!”
¿Qué pasó para cambiar radicalmente de opinión sobre “el compañero Rocha”?
Este viernes la presidenta Sheinbaum le dijo al sinaloense, que regresó fugazmente al cargo, que “ningún interés personal puede estar por encima de los intereses del pueblo y de la nación”.
Luego la presidenta ya no se refirió sólo a Rocha, sino a “un nombre” (no veo otro que AMLO) y “un grupo” (no veo otro que los delincuentes que rodean a AMLO y a ella misma):
“Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, están el pueblo y la nación”.
A ver, si no hay nada contra Rocha y todo lo que se dice de él obedece a “intereses de la ultraderecha de Estados Unidos y de México para interferir en las cuestiones internas” de nuestro país, ¿por qué lo abandonaron y se deslindaron de él?
Hay dos hechos ocurridos en estos días que arrojan luz sobre el pleito a oscuras:
Uno, el retiro de la visa a Andrés López Beltrán, a lo que respondió con ordinaria virulencia, se hizo pasar como la personificación de la soberanía nacional, pues tiene los pasos de la justicia estadounidense tras de sí.
Dos, la expulsión de Argentina (y llegada a México) del contralmirante Fernando Farías Laguna, sobrino del secretario de Marina de AMLO, implicado en una red criminal de huachicol fiscal.
El marino -su abogado- ha dejado ver que detrás de la mafia del huachicol está Andy, y horas antes de regresar a México recibió la visita de agentes estadounidenses.
La Fiscalía General de la República agradeció “la colaboración de las autoridades argentinas y estadounidenses" por la expulsión del contralmirante.
En esa “nueva etapa de colaboración” con EU se inscribe el regreso de Rocha Moya a la gubernatura, alentado por AMLO, el Cártel de Sinaloa o ambos, y la reacción del gobierno para revertir su reincorporación al cargo que le otorgaba fuero.
¿Quiere decir que la presidenta ya optó por deslindarse de la banda criminal que nos gobernó el sexenio anterior?
No, no hay nada definido ni claro.
Es como el pasaje del Quijote (primera parte) en que en una venta que el hidalgo caballero cree que es castillo, al ventero se le apagó el candil y se trenzaron en una pelea a oscuras Don Quijote, Sancho, el arriero, Maritornes y el ventero, con golpes al bulto sin saber a quién le daban.
Es lo que hay, por ahora, entre AMLO, Sheinbaum, el narco y la DEA.
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