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El incendio alcanzó la casa de los incendiarios

Harfuch. La secuela del reconocimiento del director de la DEA, Terry Cole, al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, puso evidencia de que el incendio de la polarización del país, iniciado por López Obrador y los suyos, alcanzó la casa de los incendiarios. Por un lado, redobló la animadversión contra Harfuch por parte de López Obrador, a través de sus operadores dentro del gobierno. Por otro, reafirmó el acuerdo social con el empeño del mexicano -así sea insuficiente- en la lucha contra los cárteles empoderados por el expresidente.

Una disculpa a Palenque. Desde el ala de AMLO de Palacio, un operador de la mañanera puso en el micrófono de un reportero el tema de que la valoración del trabajo de Harfuch corresponde a un doble discurso de la DEA, puesto que, por otra parte, la agencia insiste en que continúa el control criminal del régimen mexicano. La presidenta no sólo mostró su acuerdo con la degradación del encomio al alto funcionario mexicano, sino que pareció ofrecerle disculpas a AMLO por el lucimiento de Harfuch. Afirmó que ella no era partidaria del viaje de su secretario al foro de la DEA donde se reconoció su labor, pero que fue su Gabinete de Seguridad el que resolvió, por mayoría, la asistencia de Harfuch a Argentina.

Malabarismos. Una presidenta haciendo malabares, describió ayer aquí Pablo Hiriart. Pelotea entre el peso de AMLO en la dirección del régimen, las restricciones que éste le impone al imperativo de llevar a sus últimas consecuencias la recuperación de territorios físicos y políticos de manos del crimen y el reclamo de la sociedad mexicana, con la presión estadounidense para liberar al país se los cárteles. El juego se define como acción complicada para salir airoso de una situación difícil o comprometida, como a la que nos condujo el régimen.

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