Chetumal, QRoo.- Sembrando vida es un programa social del gobierno federal, creado para rescatar el campo mexicano; Sin embargo, flota entre la mediocridad y el fracaso.
Difícilmente se puede evaluar en los terminados de su diseño e implementación; la idea era, además de rescatar el campo mexicano, atacar la pobreza rural y frenar la degradación ambiental.
No obstante, su realidad compleja y llena de contrastes, si la queremos medir en los términos de éxito o fracaso, dependerá de dos factores importantes.
Si medimos los resultados ambientales, diremos que es un fracaso rotundo, no frenó la degradación ambiental, ni activó los sistemas agroforestales para hacer productivas las parcelas.
Por el contrario, estimuló la corrupción del campo mexicano; los campesinos no tienen mayor ambición que su beca y están condenados al clientelismo electoral y a la movilización de bases partidistas.
La realidad hoy con el programa Sembrando Vida es que nuestro campo no produce ni lo que consumimos, ni mucho menos en lo forestal; cada año se pierden miles de hectáreas del arbolado.
Miles de campesinos talaron selva o vegetación secundaria existente para plantar los árboles del programa y así calificar que el apoyo de 6 mil 500 pesos mensuales lo valía.
Más de 400 mil plantadores mexicanos se vieron beneficiados durante 2026; pero de eso, a decir que alivió la pobreza rural y activó la economía local en zonas marginadas es mentir, por mucho.
En México existen entre 4.4 a 5 millones de productores agrícolas; adicional a ello, 5 millones inscritos en núcleos ejidales, ¿solo 400 mil son beneficiados?, las cuentas no cuadran o la simulación es vil.
Ahora, si medimos los resultados de Sembrando Vida por su impacto social, lo calificamos como medianamente exitoso, sobre todo para el gobierno de la cuarta transformación, pues acrecienta su clientela.
Usted lo sabe, amigo lector, los programas de apoyo gubernamental son instrumentos electoreros o clientelares para influir en la voluntad de los votantes a cambio de migajas, a través de la simulación.
Se documenta que, a través de este programa, se han sembrado más de mil millones de plantas, combinando arboles maderables, frutales y de cultivo en parcelas propias.
Estas cifras son debatibles, pues los campesinos o sembradores suelen arrancar, de cerros y lomas, plantas en zonas donde se regeneran de manera natural, luego la trasplantan y así reciben la ayuda.
La tasa de mortalidad del trasplante es alta, cerca de 70 por ciento, por falta de agua, plagas, mala planeación técnica o seguimiento, lejos de la cifra oficial que marca entre 65 y 75 por ciento.
Y en cambio, sí genera una dependencia económica entre los campesinos, pues no alcanzan autonomía productiva y comercial para cuando el apoyo gubernamental deje de existir.
Tras esto, me entero de que Quintana Roo, se festeja con bombo y platillo, se suma a la jornada nacional de reforestación 2026, para restaurar ecosistemas en el sur de la entidad.
Las acciones comienzan este fin de semana y participan autoridades federales, estatales, municipales y dependencias y programas como la Sader, Conafor, Sembrando Vida y Conanp.
Con apoyo de la Secretaría de Marina (Semar), coordinados por la Semarnat, se reforestarán comunidades de Nicolás Bravo y Caobas, en el municipio de Othón P. Blanco, donde se plantarán especies como ramón, caoba, ciricote y chacté viga.
Otra vez, el propósito, cuentan, es restaurar áreas afectadas por incendios forestales, la pérdida de cobertura vegetal y la compactación del suelo, ¿alcanzará esa narrativa al objetivo central?
Pero le doy un dato, vergonzoso, pero dato al fin: el gobierno federal reconoció que, durante la construcción del Tren Maya, se talaron o removieron 6.1 millones de árboles únicamente en los tramos 5 y 6 que cruzan por Quintana Roo.
Cifras oficiales de transparencia indican más de 7 millones de árboles derribados en todo el proyecto, en cuatro estados; Yucatán, Campeche, Quintana Roo y Chiapas; organizaciones civiles dicen que son 10 millones.
El impacto fue brutal, demoledor, acabando con flora y fauna, miles de animales, algunos en peligro de extinción como el jaguar y el tapir, entre cientos, perdieron su hábitat; algunos murieron atropellados.
Lejos quedó aquella narrativa, hoy convertida en “chistorete infame”, del presidente Andrés Manuel López Obrador de que iban a trasplantarlos a zonas de pérdida de cobertura vegetal.
Tan solo en los tramos 5 y 6 se perdieron 6.1 millones de arbolado adulto, algunos con alto valor comercial como la caoba, cedro, ciricote, tzalam, entre otros.
Mil millones de plantas se han trasplantado con Sembrando Vida, con una cifra de mortalidad considerable, confróntelas con las 6.1 millones de árboles adultos derribados con el inoperante Tren Maya.
Dígame usted, ¿Sembrando Vida cumplió su objetivo de frenar la degradación ambiental o, por lo menos, reducir la pobreza en las zonas rurales? Les escucho.
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